“Cuando pien­sas que lo único que te falta son pal­abras, lo que real­mente te fal­tan son ideas” George Lakoff

La teoría de Lakoff

Publicado: 3/04/2009 | Por: Claudio | Categorías: Marcos, Metáforas | Etiquetas: , , , , , | Tienes algo que decir »

lakoffin

¿Qué tiene que ver la neuro lingüís­tica con la política? Al pare­cer bas­tante, si juzg­amos por el entu­si­asmo que despierta entre los medios demócratas y pro­gre­sis­tas de EEUU la teoría de George Lakoff. Cuando este académico mundial­mente famoso, cat­e­drático de cien­cia cog­ni­tiva en Berke­ley, da una de sus fre­cuentes char­las a lo largo de la geografía de EEUU, miles de per­sonas hacen cola para escucharle. No vienen movi­dos por un interés cien­tí­fico, sino por su frus­tración política. Les quema el sen­timiento de ver como sus con­ci­u­dadanos siguen votando a George W. Bush y a los neo­con­ser­vadores a pesar del dete­ri­oro de su nivel de vida y de la con­tin­uación de una guerra que rec­haza la gran may­oría de la población. No es sólo el miedo al ter­ror­ismo o un nacional­ismo mal enten­dido, les dice Lakoff. Es, según él, la capaci­dad de los estrat­e­gos repub­li­canos de acti­var estruc­turas men­tales incon­scientes que moti­van nue­stros com­por­tamien­tos sin prestar aten­ción a la racional­i­dad de nue­stros intere­ses o a los datos de la real­i­dad. Lakoff se ha con­ver­tido en el sím­bolo de una regen­eración de la política demócrata esta­dounidense.

Su pan­fleto político “¡No pienses en un ele­fante!” (el ele­fante es el sím­bolo del Par­tido Repub­li­cano) es un best seller y está pro­lo­gado por Howard Dean, el actual pres­i­dente del Par­tido Demócrata. Hillary Clin­ton, prob­a­ble­mente la can­di­data pres­i­den­cial demócrata en 2008, lo llama a con­sulta, al igual que los prin­ci­pales líderes del par­tido. “The New York Times” ha ded­i­cado un repor­taje espe­cial a la influ­en­cia de Lakoff. Y mul­ti­mil­lonar­ios como George Soros y otros están finan­ciando el Rock­ridge Insti­tute, una fun­dación para la for­ma­ción política que prepara a los can­didatos y agentes de cam­pañas políti­cas del Par­tido Demócrata para las próx­i­mas elec­ciones, poniendo en prác­tica las hasta ahora abstrac­tas teorías de este cien­tí­fico metido a político por la indi­gnación que siente hacia lo que pasa en su país y en el mundo por culpa de su país.

¿De qué se trata entonces? ¿Ha des­cu­bierto Lakoff la piedra filoso­fal de la manip­u­lación política y por tanto el antí­doto con­tra ella? Pues algo así. Su idea es muy sim­ple, aunque ha sido sesu­da­mente argu­men­tada en var­ios volúmenes de inves­ti­gación impor­tantes hasta lle­gar a su esta­dio pan­fle­tario. La cien­cia cog­ni­tiva ha estable­cido que pen­samos en tér­mi­nos de mar­cos men­tales y metá­foras, antes de entrar en el razon­amiento analítico. Estos mar­cos men­tales (frames) tienen exis­ten­cia mate­r­ial, están en las sinap­sis de nue­stro cere­bro, con­fig­u­ra­dos físi­ca­mente en los cir­cuitos neu­ronales. Cuando la infor­ma­ción que recibi­mos (los datos) no se con­for­man a los mar­cos inscritos en nue­stro cere­bro, nos quedamos con los mar­cos e igno­ramos los hechos. Por ejem­plo, si se ha acti­vado un marco que define al Pres­i­dente como pro­tec­tor con­tra todos los peli­gros del mundo, cualquier infor­ma­ción que con­tr­a­diga ese marco (como la falta de conex­ión entre Al Qaeda y Sadam Hus­sein, o la inex­is­ten­cia de armas de destruc­ción masiva) tiene mucha difi­cul­tad para pen­e­trar nues­tra decisión con­sciente. Nat­u­ral­mente, si ese marco no es oper­a­tivo o si otro tipo de marco es el acti­vado, entonces ocurre lo con­trario, los datos se con­vierten en argu­men­tos en con­tra de la política del miedo.

Lakoff piensa que uno de los mar­cos más impor­tantes es aquel que se refiere al padre estricto y pro­tec­tor, al que tiene que cas­ti­gar por nue­stro pro­pio bien, el que define las reglas de con­ducta y las trans­forma en dis­ci­plina, con respecto a nosotros y al mundo exte­rior. Y sostiene que los repub­li­canos más con­ser­vadores han con­seguido acti­var ese marco en una gran parte de la población. No por casu­al­i­dad, sino como resul­tado de una larga estrate­gia desde hace tres décadas, para con­trar­restar la hege­monía demócrata en la población. Finan­cia­ron con dece­nas de mil­lones de dólares fun­da­ciones y pro­gra­mas de inves­ti­gación, reclu­taron uni­ver­si­tar­ios, pub­licis­tas, peri­odis­tas, escritores, espe­cial­is­tas de la ima­gen, y fueron per­fec­cio­nando poco a poco su lenguaje y su temática. Por ejem­plo, al hablar de los impuestos como carga trib­u­taria sin referirse a lo que se recibe a cam­bio de lo que se paga, se activa el mito del ciu­dadano expo­li­ado por el Estado. O al hablar de mat­ri­mo­nio homo­sex­ual (en lugar de unión entre per­sonas) se implica la deval­u­ación de algo sacrosanto para mucha gente. Lo cual tiene con­se­cuen­cias en la política. Porque Lakoff sostiene, apoyán­dose en estu­dios elec­torales, que la may­oría de la gente no vota por sus intere­ses, sino en fun­ción de su iden­ti­dad. Los ciu­dadanos votan “según su iden­ti­dad, sobre la base de quiénes son, de qué val­ores tienen y a quién y a qué admi­ran”. Y los estereoti­pos cul­tur­ales y morales son los que más direc­ta­mente enmar­can el voto por afinidad o por rec­hazo.

Ahora bien, Lakoff rec­haza la inter­pretación prác­tica que se hace de sus enseñan­zas en tér­mi­nos de reducirlo todo a una manip­u­lación lingüís­tica. Al con­trario, les dice a los políti­cos, lo impor­tante son las ideas y la relación de las ideas que se pro­po­nen con los val­ores inscritos en la iden­ti­dad de las per­sonas. Pero como todos ten­emos dis­tin­tos mar­cos de ref­er­en­cia, la clave es cómo acti­var esos val­ores latentes, cómo hacer que el deseo de sol­i­dari­dad sea más fuerte que la agre­sivi­dad indi­vid­u­al­ista o el deseo de paz más fuerte que el miedo. De hecho, acusa a los demócratas de reducir la política a imá­genes y de cam­biar sus posi­ciones para con­seguir el voto. En con­traste, dice él, con los neo­con­ser­vadores que afir­man clara­mente sus val­ores, dicen exac­ta­mente lo que son y lo que quieren, y con esta clar­i­dad de prin­ci­p­ios artic­u­lan estrate­gias de comu­ni­cación no tanto para seducir a los elec­tores, sino para con­vencer a los ciu­dadanos. Si alguien llega a con­vencerse de la jus­ti­cia de la guerra en Irak como un reflejo de pro­tec­ción, entonces estará dis­puesto a enten­der los errores de Bush sobre las armas de destruc­ción masiva y otras min­u­cias. Por tanto, su fór­mula de entre­namiento político es afir­mar clara­mente los val­ores demócratas y pro­gre­sis­tas y encon­trar un lenguaje pro­pio para comu­ni­car­los, en lugar de inten­tar vana­mente oponer los hechos al dis­curso artic­u­lado de los con­ser­vadores que busca estable­cer una com­pli­ci­dad de val­ores.

El alcance de la teoría de Lakoff, por dis­cutibles que sean algu­nas de sus hipóte­sis, rebasa el ámbito esta­dounidense, aunque sus apli­ca­ciones direc­tas ten­gan como ref­er­en­cia la cul­tura de ese país. La idea de que la sim­ple racional­i­dad o el cál­culo del interés pro­pio no es el deter­mi­nante cen­tral del com­por­tamiento es ampli­a­mente acep­tada, como mues­tra el éxito de los análi­sis en tér­mi­nos de inteligen­cia emo­cional. Pero en el ámbito de la política hay más resisten­cia a acep­tarlo porque las ide­ologías lib­eral o marx­ista del pro­greso medi­ante la razón han ido arrin­co­nando los val­ores y la iden­ti­dad como fuentes de moti­vación en el espa­cio público. Y, sin embargo, si pueblo tras pueblo votan con fre­cuen­cia a favor de quienes rep­re­sen­tan intere­ses con­tra­dic­to­rios a los suyos, es que hay otros mecan­is­mos que deci­den el poder. Por eso la gente busca, en EEUU y en otras partes, una expli­cación y una prác­tica que les per­mita lib­er­arse del laber­into de metá­foras induci­das en nue­stros cere­bros.

por Manuel Castells

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