“Cuando no encuen­tras las pal­abras es que no tienes las ideas” George Lakoff

Nicolas Sarkozy, el capitán intrépido

Publicado: 3/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Storytelling | Etiquetas: , , | Tienes algo que decir »

nicolassarkozyin

El sec­re­tario de Estado para el Empleo se deshacía en elo­gios hacia el dis­curso que Nico­las Sarkozy pro­nun­ció en Tolón a finales de sep­tiem­bre: “Frente a la inqui­etud sus­ci­tada por la tor­menta económica inter­na­cional, el pres­i­dente de la República ha dado la ima­gen de un capitán intrépido que gob­ierna firme­mente el timón. El pres­i­dente afronta esta cri­sis con la misma deter­mi­nación que demostró durante la cri­sis geor­giana”. ¡Capitán intrépido, nada menos! Esto ya no tiene nada que ver con Keynes, sino más bien con Kipling. ¡Menuda batal­lita! He aquí la nueva sto­ry­line de la pres­i­den­cia. Sarkozy se enfrenta a un mar enco­ler­izado. Grita órdenes a babor. Ame­naza a los ban­queros deshon­estos. Tran­quil­iza a los ahor­radores. Con­dena el neolib­er­al­ismo sal­vaje. Prom­ete una refun­dación del cap­i­tal­ismo…

¿Quién va a recor­dar a estas alturas que durante la cam­paña de 2007 prometía tam­bién “con­ver­tir a Fran­cia en un país de propi­etar­ios” y pro­ponía una reforma del crédito hipote­cario que, curiosa­mente, son­aba a una creación de sub­primes a la francesa? Ante la cri­sis, se ha cam­bi­ado de bando. Col­bertista a rabiar, key­ne­siano con­verso, este Don Qui­jote de la recu­peración, flan­queado por Henri Guaino, el San­cho Panza del pro­tec­cionismo, ya no tiene pal­abras lo bas­tante duras para con­denar la espec­u­lación financiera. Con el corazón en la mano, prom­ete nacionalizar las pér­di­das, cuando no mucho tiempo atrás abo­gaba por la pri­va­ti­zación de los ben­efi­cios. El ambi­ente de los mer­ca­dos es lúgubre, pero él se mues­tra exul­tante: en la pres­i­den­cia de la Unión Euro­pea ha encon­trado un nuevo papel. Las tur­bu­len­cias de los mer­ca­dos ejercen sobre él un efecto dopante.

El 20 de octubre, de regreso de Camp David, donde acababa de encon­trarse con George W. Bush, exclam­aba: “He hecho la jugada del siglo”. Pero ¿en qué con­sistía esa jugada? ¿En un New Deal plan­e­tario? No. En una sim­ple reunión. George W. Bush, que intentaba recu­perar pro­tag­o­nismo, había acep­tado reunir el 15 de noviem­bre, en Wash­ing­ton, a los países indus­tri­al­iza­dos y a las grandes economías emer­gentes. Pero ¿qué impor­tan los resul­ta­dos de la reunión? En esa fecha, el Par­tido Social­ista cel­e­brará su con­greso en Reims. Sarkozy de la cabeza a los pies. ¡La agenda! La obsesión por la agenda.

Su elec­ción al frente del Estado en mayo de 2007 rev­olu­cionó las for­mas del poder ejec­u­tivo tal y como sus pre­de­ce­sores venían ejer­cién­dolo desde la fun­dación de la V República. Inspirán­dose gen­erosa­mente de las téc­ni­cas de comu­ni­cación desple­gadas en los años noventa por los equipos de Bill Clin­ton, en Esta­dos Unidos, y Tony Blair, en el Reino Unido, el nuevo pres­i­dente se esforzó desde los primeros días de su mandato por con­tro­lar la “agenda” de los medios de comu­ni­cación escenif­i­cando su ascen­sión al poder, estruc­turando la acción política en secuen­cias coher­entes y dán­dole el ritmo y la forma de una telen­ov­ela per­ma­nente en la que se alter­nan episo­dios de la vida pública con otros de la vida pri­vada.

Al actor‐presidente le pre­ocupa menos el con­tenido que el ritmo, la acción que la puesta en escena –que es la de un ser­ial con­tinuo suped­i­tado a las reglas del suspense‐. A los man­dos del tele‐Estado, el poder ejec­u­tivo pasa a ser un poder “de eje­cu­ción” (el State craft), de real­ización (en el sen­tido cin­e­matográ­fico) del guión pres­i­den­cial –el Stage craft con­sid­er­ado como una suce­sión de secuen­cias pues­tas en escena, que es a lo que se resume hoy la activi­dad alta­mente sim­bólica del poder‐.

Ya no son las grandes nego­cia­ciones inter­na­cionales, los con­se­jos de min­istros o los debates par­la­men­tar­ios los que mar­can el com­pás del tiempo político, que ahora es objeto de una guion­ización per­ma­nente. Hemos pasado imper­cep­ti­ble­mente de la fun­ción a la fic­ción pres­i­den­cial y el guión reem­plaza ahora al pro­to­colo en el ejer­ci­cio rit­u­al­izado del poder. Con las car­reras políti­cas ocurre hoy como con las empre­sas: depen­den menos de los resul­ta­dos obtenidos que de la per­cep­ción que tienen de ellas sus coman­di­tar­ios, la opinión pública o los accionistas.

Una caída en los son­deos es tan grave como un crash bursátil y vicev­ersa. La coti­zación de un pres­i­dente sirve como soporte a otras muchas for­tu­nas en el mer­cado de val­ores políti­cos. La cos­mética prima sobre la coheren­cia, y la belleza de hom­bres e insti­tu­ciones se ha con­ver­tido en sinón­imo de flex­i­bil­i­dad, de adaptación. El político, como el ger­ente empre­sar­ial, debe man­i­fes­tar su ver­sa­til­i­dad con­tin­u­a­mente. Para cap­tar la aten­ción, su relato debe cam­biar.

En enero de 2007, durante su dis­curso de can­di­datura, Sarkozy exclam­aba: “He cam­bi­ado”, lo que no con­sti­tuía un pro­grama, pero sí el comienzo de una intriga. Desde entonces no ha cesado de cam­biar: de estilo, de relato, de mujer, de pro­grama. Era con­ser­vador y ahora es social­ista. Era uno de esos lib­erales que, 20 años después de las rev­olu­ciones con­ser­vado­ras de Rea­gan y Thatcher, fusti­gaba al Estado der­rochador, y ahora es par­tidario de una reg­u­lación estatal.

Nico­las Sarkozy no es un hom­bre de Estado, es un nar­rador que cuenta sin cesar his­to­rias pobladas de “víc­ti­mas vir­tu­osas” y “héroes anón­i­mos”, de encuen­tros y sep­a­ra­ciones, de éxitos y fra­ca­sos. ¿No declaró, en julio de 2007, Henri Guaino –que por algo redacta los dis­cur­sos del presidente‐: “Hacer política es escribir una his­to­ria com­par­tida por aque­l­los que la hacen y aquél­los a los que está des­ti­nada. No se trans­forma un país si no se es capaz de escribir y nar­rar una his­to­ria”?

“En el mundo de las finan­zas el sto­ry­telling desem­peña un papel vital”, escriben Ali­cia Kor­ten y Karen Dietz en un artículo tit­u­lado El relato es la nueva mon­eda de la gestión financiera. “Las his­to­rias son vitales para dar sen­tido a las cifras. Pro­por­cio­nan un con­texto y cap­tan la imag­i­nación de la gente”, estima el admin­istrador de una gran empresa norteam­er­i­cana.

La cri­sis de la Société Générale fue un anticipo de lo que hoy se entiende por comu­ni­cación de cri­sis. Cuando uno escuch­aba al pres­i­dente de la Société Générale, el relato era casi per­fecto. “Es una his­to­ria extra­or­di­naria”, declaró a la prensa poco antes de cal­i­ficar a Jérôme Kerviel, el cul­pa­ble, de “per­son­aje de fic­ción”. Un genio de la cod­i­fi­cación que al pare­cer creó un sim­u­lacro de empresa, un banco den­tro del banco, desde el que cursaba sus órdenes de com­pra cubrién­dolas con órdenes fic­ti­cias, y todo en las mis­mísi­mas narices de sus supe­ri­ores, y sin razón, por la belleza del gesto, una forma de trav­es­ura numérica. Héroe de la blo­gos­fera, Jérôme Kerviel se con­vir­tió, en el tiempo que duró su deten­ción pro­vi­sional, en un icono plan­e­tario, en un Che Gue­vara de las finan­zas, e incluso en un Bin Laden de la Bolsa. En el mismo orden de ideas, Richard S. Fuld Jr., pres­i­dente ejec­u­tivo de Lehmann Broth­ers, tuvo que escuchar cómo el Con­greso esta­dounidense le decía: “Si aún no ha des­cu­bierto su papel, sepa que ahora es usted el malo y debe com­por­tarse como tal”.

La cri­sis financiera actual ilus­tra la irrup­ción de un fac­tor nuevo en el fun­cionamiento del cap­i­tal­ismo financiero; la audi­en­cia. Hace una quin­cena de años, los que tenían que dar cuenta de las coti­za­ciones de la Bolsa se dirigían a una audi­en­cia restringida com­puesta por inver­sores y oper­adores. Pero la explosión de Inter­net y la apari­ción de los canales por cable rev­olu­cionaron la comu­ni­cación financiera. La CNBC, la CNN de las Bol­sas, trans­formó los oscuros ajustes bursátiles en un relato pal­pi­tante. De hecho, tiene tanta influ­en­cia sobre la evolu­ción de las coti­za­ciones como la cadena de Ted Turner sobre las peripecias de la guerra de Irak. Las estrel­las de las altas finan­zas y los nuevos man­agers telegéni­cos han susti­tu­ido a los trasnocha­dos oper­adores del viejo mer­cado bursátil.

Sarkozy lo ha com­pren­dido per­fec­ta­mente. Ante los sobre­saltos de la cri­sis financiera, ha elegido encar­nar a un héroe soli­tario, una especie de Robin de los Bosques de la era dig­i­tal, campeón de los pequeños ahor­radores, un James Bond de las “acciones derivadas” que com­bate a las mafias de la espec­u­lación. Kafka escribió: “Les dieron a ele­gir entre ser reyes o correos de los reyes. Como harían los niños, todos eligieron ser correos y, como ahora ya no hay reyes, recor­ren el mundo gritán­dose los unos a los otros unas noti­cias que han per­dido todo sen­tido”. El 15 de noviem­bre se reunirán en Wash­ing­ton.

Por Chris­t­ian Salmon

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