Publicado: 18/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Storytelling | Etiquetas: Christian Salmon, Empresas, Gastón Acurio, George Lakoff, Ideologías, Mercados, Perú | Tienes algo que decir »

La manera en que la gente percibe los fenómenos es central para formar una opinión en las personas, pero más aún, también influye en las creencias de las personas acerca de como son “realmente” esos fenómenos. Las compañías y los líderes no requieren dar fundamentos de lo que cuentan, más bien traen un relato escenificado.
Una marca es una historia
Gastón Acurio, el chef peruano más reconocido mundialmente, es un buen ejemplo donde su identidad pública a –sociada a las distintas marcas de sus restaurantes‐ juega un rol y tiene un relato más allá del campo gastronómico; “Mi trabajo es llevar la gastronomía peruana al mundo, poner una bandera de liderazgo en países acostumbrados a mandarnos el mensaje de que ellos son los únicos capaces de esto y no nosotros”. Acurio en este relato se asocia delicadamente a las narrativas ideológicas de la “dominación” con visos de nacionalismo; “Nos enseñaron a ser ciudadanos predestinados a ser tercermundistas. Ciudadanos de segunda categoría exportadores de materias primas, importadores de productos terminados, lo importado es bello, lo nacional es feo, entonces la cocina emerge como una reacción a eso y contagia a todo el país con ese sentimiento y hoy el peruano se siente orgulloso de serlo”.
Al ritmo del contexto
Este storytlling está ha ido desarrollándose con un cierto ritmo, hace un par de años sólo la primera cita era frecuente en el discurso de Acurio, lo que podríamos llamar etapa difusión desarrollista (“si abrimos miles de restaurantes peruanos en el mundo podemos acabar con el subdesarrollo de nuestro país”), posteriormente fue incorporando nuevos elementos ya más ideológico asociado a la crítica del modelo de desarrollo basado en la exportación de materias primas (“Ciudadanos de segunda categoría exportadores de materias primas”). Esta variación de la narrativa no ha sido casual, ha ido siendo construyéndose en paralelo al crecimiento de su identidad y a la ampliación de su red de restaurantes en el mundo, también los cambios en los “vientos” ideológicos mundiales. No estamos diciendo que Acurio esté en medio de un proceso de transformación de su pensamiento, más bien está expresando su relato en función de cómo han ido cambiando las tendencias políticas mundiales.
En una red de soporte
Este relato va construyendo un orden, no necesariamente ficticio, ya que hay acciones sociales que Acurio está desarrollando que van configurando una percepción de realidad concreta y en una dirección definida. Dado que vamos articulando una mezcla de razón y de ilusión, parte central de este relato es que sea reiterado y repetido y por medios y formatos diversos.
La audiencia de Gastón Acurio, va siendo reforzada con un relato estructurado, cada vez más amplio y a la vez más reiterado. Toda la arquitectura de su relación con los medios e incluso en sus restaurantes está coordinada de esa forma, o al menos va siendo coherente.
Tampoco se trata que Acurio enfrente sólo el desafío de construir un relato con una orientación, social y política (a pesar que el la denomine “política gastronómica”), él se siente parte de un movimiento (“los cocineros del Perú somos un movimiento que lo único que busca es hacer de la gastronomía un instrumento de desarrollo económico y social. Ser exportadores de tendencias de consumo”). Una red y movimiento de “exportadores de tendencias de consumo”, que aunque sea real o ficticio, le genera una red más allá de sus negocios o al menos genera la ilusión de su existencia. Esta red es clave para que las personas vean que el relato tiene un soporte más allá del personaje y permita configurar un red de mayor tamaño, ya que sus clientes se pueden sentir también parte del movimiento.
Con un encuadre
En el contexto político y económico de cambio en el liderazgo mundial el reemplazo de Bush por Obama, de crisis económica y también de ruptura con los paradigmas de desregulación del mercado, Acurio asume que su postura política es un imperativo moral, ya no es una opción ideológica y política, sino una cuestión de ética, al declarar: “en el Perú es obligación moral ser de izquierda. Porque es un país con mucha pobreza y todas las políticas tienen que estar en función de esas personas que son la mayoría. Una izquierda no entendida como el control de la actividad productiva por parte del Estado, no una izquierda que le quita al rico para darle al pobre, sino que como una serie de acciones del Estado para darles herramientas a los no favorecidos para que puedan ser creadores de riquezas”. Como vemos tiene una postura socialdemocráta pero con una fuerte emoción de izquierda. Este encuadre asume al Estado como un actor protector y activo en la economía. Las metáforas utilizadas (herramientas, no favorecidos, creadores de riqueza”) permiten producir una interpretación amplia de las acciones posibles de desarrollar para lograr ese objetivo, no son casuales y tampoco neutras.
Lo anterior se ve reforzado con la caracterización que hacer de las clases sociales de Perú pero que podrían ser aplicables a toda Latinoamérica, donde después del imperativo moral de su opción política lo refuerza con una división explícita respecto a la responsabilidad: “la clase trabajadora es muy amable, de una bondad y una paciencia a prueba de todo. La clase dominante nunca ha estado a la altura de sus responsabilidades”. Esta declaración es acompañada con una resolución de cambio: “Tengo claro es que mi generación no está dispuesta a ser igual que la anterior. No estamos dispuestos de que nos acusen de no haber estado a la altura de nuestras responsabilidades”.
Como vemos los elementos claves de lo que Salmón llama el “cuadrado mágico”, están presentes en la identidad de Gastón Acurio, observamos claramente como los chefs tienen hoy muchas más oportunidades de convertirse en figuras públicas o celebridades, pero también son una marca y todas las marcas son un relato. Cualquier político, líder en algún ámbito o compañía que no tome en cuenta estos elementos, más aún en el contexto actual con las poderosas fuerzas de las redes sociales en Internet y los cambios que están ocurriendo en los medios electrónicos tradicionales, siempre estará en una gran desventaja frente a quien maneje estos aspectos como parte de su estrategia y “ser” como identidad pública.
* Citas extractadas de una entrvista en el perídico Mercurio de Santiago, Chile.
Publicado: 17/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Marcos | Etiquetas: Impuestos, México | 2 Comentarios »
Todos los años en México discuten cambios en las reglas impositivas, una propuesta frecuente para incrementar el Presupuesto Público es el gravamen de los alimentos y medicinas, hoy exentos de impuesto al valor agregado (IVA). No hay mucha discusión académica respecto que los impuestos al consumo son unas de las mejores herramientas impositivas, también no hay mucha discusión que los subsidios a la oferta regularmente son ineficientes y además hay evidencia concreta que los efectos de que algunos productos o servicios (libros, alimentos, teatro, etc.) no tengan impuestos no significa que los principales beneficiados son los sectores de bajos ingresos, por el contrario regularmente significa que son los sectores de mayores ingresos los tienen un mayor acceso a estos bienes y servicios y no los sectores a los que se busca beneficiar.
En México es particularmente impopular el proponer el impuesto al consumo de alimentos y medicinas, existe la creencia que los principales perjudicados serían los sectores de bajos ingresos. Políticos de todo espectro ideológico se oponen a una medida de este tipo, de una u otra manera, el marco desde donde se da la discusión es que el impuesto al valor agregado reduciría la capacidad de consumo de los sectores populares. No hay una discusión de cómo esta situación incrementa el poder adquisitivo de los sectores de altos ingresos y tampoco como los impuestos recaudados podrían distribuirse a través de subsidios directos a los sectores de bajos ingresos y cual sería la situación de consumo al final de este ejercicio.
Al parecer, los partidarios del impuesto al consumo de alimentos y medicinas, han caído en la trampa de desarrollar su conversación dentro del marco de los opositores a la medida, quizás la falla podría ser remediada reemplazando “IVA a los Alimentos y Medicinas” por “Impuestos a los que más consumen”. No basta con que algunos periodistas y políticos digan que les parece injusto que la cena de navidad de Carlos Slim no paga IVA para que la ciudadanía entienda y se declare a favor del IVA.
Reenmarcando el debate en torno a un valor de redistribución, donde se considera lo más equitativo, es posible comenzar a modificar la percepción de las personas en torno a quienes serían los más afectado con esta medida. Si se acepta el principio que los que más consumen deben ser los que más paguen impuestos, fácilmente se puede continuar la conversación en torno a cuales son los bienes y servicios que estas personas más consumen, pudiendo sumar a más personas que apoyen los impuestos al valor agregado a las medicinas y alimentos.
Es necesario modificar el enfoque, pasar desde el evaluar el porcentaje que significan los alimentos y medicinas dentro del ingreso familiar a evaluar a los sectores que consumen más esos bienes y servicios. Este cambio de enfoque, a través de un nuevo marco, puede permitir destrabar la conversación y producir una nueva mayoría haciendo viable una propuesta de cambio de las reglas del juego actual.
Publicado: 15/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Marcos, Metáforas | Etiquetas: Colin Powell, Felipe Calderón, Frank Luntz, México, Narcotráfico | Tienes algo que decir »

Métaforas que matan
Uno de los problemas de mayor envergadura que ha enfrentado el gobierno mexicano es la llamada “Guerra contra el Narcotráfico”. De esta forma a denominado a las medidas que ha emprendido contra los carteles de las drogas que operan en el país. Quizás la cercanía ideológica con el anterior gobierno de los Estados Unidos, junto a la cercanía geográfica, hacen tener una similitud a la “guerra” del gobierno de Bush, la que llamó Guerra contra el Terrorismo.
Actualmente, es de conocimiento público que la principal deserción del primer gobierno de Bush, Collin Powell, se debió a que el ex Secretario de estado no compartía el desarrollo de la “Guerra contra el Terrorismo”, por cuatro razones centrales: como guerra carecía de un frente y campos de batalla claros y definidos, no estaban establecidas cuales serían las batallas a ganar, no habían criterios para evaluar si se estaba ganando o avanzando en la guerra, los costos humanos y materiales no pueden ser asociados directamente a avances en el “campo de batalla” o en la guerra en general. Afganistán, Irak y Al Qaeda, constituyen tres frentes completamente diferentes y difícilmente comparables en términos de táctica y estrategia militar, así como de propósitos estratégicos de seguridad global específicos para la seguridad nacional de los Estados Unidos.
Al paso de los años, las aprensiones de Powell se confirmaron en los hechos, con el actual descalabro de la guerra en Afganistán, donde la lucha contra el Talibán está lejos de acabar, en Irak no ha visos de pacificación y menos del establecimiento de una democracia (que pasó a ser el objetivo luego de la caída de Saddam Hussein y la toma de control de sus recursos petroleros por parte de los consorcios estadounidenses) y aún sigue operativa la red de Al Qaeda y no se ha logrado la captura o eliminación de Osama bin Laden.
Si observamos los hechos, luego de iniciada la “Guerra contra Narcotráfico” vemos que la pérdida de vidas ya supera con creces a todas las muertes en la guerra en Irak, las disputas territoriales y de liderazgo han desatado una guerra abierta entre los carteles de la droga y no hay acuerdo entre los actores políticos y militares de cual es el indicador de avance en esta “guerra”, algunos lo miden en el monto de la droga decomisada, pero no hay evidencia que el combate al microtráfico local afecte la viabilidad económica de los carteles, la única consecuencia ha sido el incremento de los precios locales generando mayores incentivos para la entrada de nuevos actores en el mercado nacional.
La denominación de “Guerra contra el Terrorismo” sirvió para avanzar en los objetivos geoestratégicos de las fuerzas conservadoras estadounidenses y a sus aliados en el campo del petróleo. Los propósitos cambiantes de la guerra fueron útiles en un período importante del gobierno de Bush, pero terminaron por debilitarse con la expiración del segundo período presidencial.
Actualmente, a menos de la mitad del gobierno de Felipe Calderón, no se observan los avances de la “guerra” a nivel público o en la percepción ciudadana, a pesar de la gran cantidad de indicadores que el gobierno entrega periódicamente en torno a los líderes de los carteles que son apresados, las armas incautadas, las erradicaciones, etc., producto de los distintos operativos que realiza el ejercito a nivel nacional, por el contrario, hay una percepción de aumento de la inseguridad por parte de la ciudadanía.
Probablemente, como es práctica común en el país, la denominada Guerra contra el Narcotráfico, pase a convertirse en algo cotidiano y no sea noticia pública lo que terminara convirtiendo a estas iniciativas en operativos puntuales y geográficamente acotados. Quizás es el momento de redefinir el nombre y reconvertirlo no sólo en su denominación sino en definir alcances claramente evaluables. En el futuro es recomendable poner mayor atención a las consecuencias no previstas al denominar a una estrategia de una u otra forma, como dice Franz Luntz “It’s Not What You Say, It’s What People Hear”.
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