Publicado: 12/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Destacado, Marcos, Metáforas, Storytelling | Etiquetas: Barak Obama, Conservadores, Estados Unidos, Partido Demócrata | Tienes algo que decir »

En el mensaje al Congreso que el Presidente Obama se apresta a dar, los expertos harán hincapié en las ejes de las cuestiones políticas: el sistema bancario, la educación, la energía, el cuidado de la salud. Pero más allá de la política, habrá una visión de América y una visión moral y una visión de unidad que los expertos suelen perder.
Lo que falta es el Código Obama. En aras de la unidad, el Presidente tiende a expresar su visión moral indirectamente. Al igual que otros auto‐consciente y altamente articular oradores, se conecta con su público mediante lo que los científicos cognitivos llaman “inconsciente cognitivo”. Hablando naturalmente, que permite conectar con la estructura más profunda diciéndolas en ideas simples. Si le siguen, las ideas profundas se comunican inconscientemente y automáticamente. El Código es la forma más eficaz de llevar al país en torno a los valores fundamentales.
Para los partidarios del Presidente, es crucial para entender el Código, a fin de poder hablar abiertamente acerca de los antiguos valores que nuestro nuevo Presidente está comunicando. Es necesario porque decenas de millones de estadounidenses (los conservadores y progresistas) aún no perciben el cambio fundamental que Obama está produciendo.
La palabra “código” se puede referir a un sistema de comunicación o bien moral. El Presidente Obama ha integrado las dos. El Código Obama es de moral y lingüística a la vez. El Presidente está utilizando su enorme capacidad como comunicador para expresar un sistema moral. Como él ha dicho, los presupuestos son documentos morales. Su programa económico está ligado a su sistema moral, y se discute en el Código, como lo son casi todas de sus otras políticas.
Detrás del Código Obama se mueven siete fundamentos intelectuaes que creo son históricamente, en la práctica, y cognitivamente adecuados, así como también políticamente astutos. No son todos evidentes, y que conjuntamente pueden parecer misteriosas. Esa es la razón por la que vale pena hacer una clarificación uno por uno.
Los valores sobre los programas
El primer paso es distinguir los programas de los sistemas de valores que representan. Cada política tiene un aspecto material, los ejes concretos de las propuestas tienen aspecto cognitivo implícito que representa los valores y las ideas detrás de las iniciativas. El Presidente sabe la diferencia. Entiende que los que se ven a sí mismos como “progresistas” o “conservador” con demasiada frecuencia estas palabras se definen en términos de programas en vez de valores. Incluso los programas defendidos por los progresistas pueden no encajar con lo que el Presidente considera que son los valores fundamentales del país. Él está tratando de alinear los programas de su gobierno con esos valores.
La potencial oposición vendrá no sólo de los conservadores que no comparten sus valores, pero al igual que mucho de los progresistas, que cometen el error de pensar que los programas son los valores y progresismo se define por una lista de programas. Cuando algunos de esos programas son de corte económico pueden ser secundarios o no esenciales, inevitablemente sus defensores ven esto como un giro conservador en lugar de avanzar un paso dentro de una visión moral que comparten con el Presidente.
Los Valores son el Progreso de los Valores de Estados Unidos
El Presidente Obama entiende lo fundamental que son los “valores americanos”. En “Moral Política”, describí lo que encontré implícito, a menudo inconsciente, detrás de los sistemas de valores progresistas y conservadores. El Pensamiento progresista se apoya, en primer lugar, sobre el valor de la empatía, ponerse en los zapatos de otras personas, ver el mundo a través de sus ojos, y por lo tanto cuidar de ellos. El segundo principio es que actúen con responsabilidad, tanto para uno mismo y a los demás, la sociedad, así como también con responsabilidad individual. El tercero es actuar para mejorar a nosotros mismos, nuestro país y al mundo, lo que Obama ha llamado una “ética de la excelencia” hacia la creación de “una Unión más perfecta”.
La lógica es simple: La empatía es la razón por la que tenemos los valores de la libertad, la equidad y la igualdad, para todos, no sólo para determinadas personas. Si nos ponemos en los zapatos de los demás, nosotros queremos que todos sean libres y tengan un trato justo. Empatía connecta con la igualdad: nadie debe ser tratado peor que cualquier otra persona. La empatía nos lleva a la democracia: para evitar ser objeto indefinidamente a los caprichos de un gobernante opresivo e injusto, tenemos que ser capaces de elegir quien nos gobierna y que necesitamos un gobierno de leyes.
Obama ha sostenido que lo que yo, en mis escritos, ha llamado a los valores “progresista” los valores fundamentales. Desde su perspectiva, no son progresistas, son sólo valores americanos.
Por George Lakoff
Publicado: 11/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Marcos, Metáforas, Storytelling | Etiquetas: Barak Obama, Christian Salmon, Francia, George W. Bush, Henri Guaino, Irak, Nicolas Sarkozy | Tienes algo que decir »
Christian Salmon, francés de Marsella, donde nació en 1951, dedica su esfuerzo de escritor a revelar la gran mentira en la que vivimos. El resultado es el libro Storytelling, que publica ahora en España Península y que tiene este subtítulo: La máquina de fabricar historias y formatear las mentes. Él fue presidente del Parlamento de Escritores, y, una vez extinguida esta esforzada institución, Salmon no ha cesado de preguntarse sobre la ficción que vivimos. Esta semana hablamos en París con él acerca de sus conclusiones.
Se deduce de su libro que vivimos engañados.
Vivimos en la gran mentira. Se ve muy bien en la crisis financiera: la percepción de las cosas es más importante que la realidad de las cosas. Ésta es una crisis de percepción. Y si hablamos de política, es lo mismo. Los políticos no argumentan, no abren un debate, sino un teatro, una historia. Storytelling: cuentan un cuento. John McCain ha escrito un libro, Faith of my fathers (La fe de mis padres), y Obama titula el suyo Dreams from my father (Sueños de mi padre)… Independientemente de que nos guste más Obama, lo cierto es que los dos presentan un teatro virtual, una cadena de posturas que obedecen a los mismos códigos: storyline, timing, framing, networking… La percepción es más importante que la realidad.
¿Y la crisis también se cuenta como se cuenta un cuento, o una mentira?
Desde los años ochenta, la belleza de las empresas, su cosmética, ha tomado una importancia demasiado desproporcionada en relación con la realidad. Toma el caso de Enron: es la primera empresa de ficción que no se comporta con un criterio racional, sino como un actor haciendo una performance ante una audiencia a la que quiere divertir y a la que quiere convencer de que es la más innovadora.
La más novedosa.
Pero no demuestra la capacidad de innovación con criterios profesionales sino simbólicos. Echa a un 10% de trabajadores cada año y así cree estar dando una muestra de renovación. Y sólo está actuando para que la vean desde Wall Street.
O sea, todo un circo.
Todo un circo. La realidad de la economía no existe, y eso que no existe genera plusvalía, pero se aleja de la realidad. Lo que ocurre hoy es un retorno, una vuelta de la realidad.
Una realidad terrible.
George Soros ha escrito un libro en el que dice que la causa de la crisis no son los especuladores, sino cómo la gente en Wall Street analiza las cosas por la percepción que tienen, no por la realidad de las cosas. Existe un storytelling del management financiero, un storytelling del marketing: una marca es hoy en día una historia. Lo que he intentado hacer en el libro es mostrar cómo se construye, al lado de la realidad, un orden nuevo del relato, un orden ficticio que sustituye a la realidad.
En narrativa o en ficción eso es noble, pero en política y en economía eso tiene consecuencias terribles. No es lo mismo Flaubert que Enron.
Absolutamente. Desde siempre, la humanidad contó historias. Mi convicción es que la novela moderna se constituyó a partir de una polémica con el storytelling de la época. Don Quijote habla desde su prólogo de un hombre que tiene la mente llena de mentiras, de falsos relatos.
Que la novela viene a limpiar.
A desmitificar. Madame Bovary es también una reacción contra el storytelling, los cuentos, de la época. Así que la ética de la novela es luchar contra el storytelling. Y ahora esta tendencia a dormir a la gente con cuentos ha tomado una fuerza que nunca se había visto.
Ahora todo es cuento, parece. Lo que decía León Felipe: nos tratan de dormir con cuentos.
Antonio Damascio, un neurocientífico, decía recientemente que “el cerebro es la articulación de razón y de ilusión”. Eso es normal. Pero hoy día una campaña electoral es una agresión permanente del cerebro con un bombardeo de noticias falsas. Cuando Roosevelt hablaba en la radio, uno tenía tiempo de pensar, la razón podía retomar el argumento; pero hoy no hay tiempo de reflexión, y eso hace desaparecer los espacios democráticos. Porque necesitan un tiempo, una arquitectura institucional (las cámaras parlamentarias, el poder ejecutivo, el poder legislativo). Toda esta arquitectura hoy día desaparece por otra escena, una escena de la performance política: un hombre se sitúa ante la audiencia y trata de orientar las emociones hacia sí mismo.
Y, además, ese hombre no es él mismo, está rodeado de gente que le susurra qué ha de hacer.
Son los spin doctors de los candidatos, los lobbies, los storytellers… He escrito algo cómico sobre el primer Gobierno de Sarkozy. Decía que la Mesa del Consejo era como un gobierno de las flores, cada uno representaba un símbolo: uno era la igualdad; el otro, los derechos humanos, el otro era el humanitario. ¡Un jardín! Los ministros no son elegidos por su competencia, sino por su presencia mediática, por su capacidad de acción en los campos mediáticos.
Por la flor que representan.
Es terrible. Por ejemplo, la ministra de Justicia, Rachida Dati, la que va a tener un hijo con no se sabe quién, es como la Cenicienta, que se transforma a medianoche en una reina. Es una historia, como un cuento. Y está en las elecciones norteamericanas, por supuesto: Barack Obama cuenta un cuento, John McCain cuenta un cuento. Pero Barack Obama va a ganar porque no es solamente el cuento: él dispone de un cuadrado mágico (el storyline, el timing, el framing, el networking) que le permite gestionar el tiempo, encuadrar su mensaje, financiar la campaña con los adecuados militantes… Y McCain sólo tiene el storyline, todo lo demás se le ha desbaratado. Y cuando ha atraído a Sarah Palin, no lo ha enmendado, lo ha empeorado: él es un presidente viejo que tiene un encuadre ideológico, y ella es una vicepresidenta joven con un encuadre completamente diferente.
Volvamos a la mentira. Insuperable la de las armas de destrucción masiva en Irak.
Bush llegó en el 2000 con una historia (un storytelling) que contar, todo el gabinete estaba preparado para contar un cuento, y el atentado contra las Torres Gemelas crea otra realidad… En los días posteriores al 11‐S, el equipo de Bush citó en la Casa Blanca a los directores de Hollywood: había que imaginar lo que seguía.
Y fue la invasión de Irak.
Con un cinismo tremendo. Una invasión basada en cuentos. Y hay un cuento, el de las mujeres afganas a las que los talibanes arrancaban las uñas, que empezó a estar en todos los discursos, como si ésa fuera una práctica habitual que justificaba cualquier represión. Y luego tú investigas y ves que ese fue tan sólo un caso, y no tan grave como llegó a estar en los cuentos sobre las atrocidades de los talibanes.
La mentira sirve para controlar a la opinión.
El poder hace circular historias para mantenerse. Si consiguiera del todo su propósito estaríamos ante un totalitarismo, pero aún es posible contradecir los cuentos.
¿Habría que desconfiar de todo?
No, de la experiencia no hay que desconfiar. Yo creo que estamos en un nuevo modo de opresión, no solamente política, sino una opresión simbólica que impide a la gente construir su propia vida, pensar y contar su propia experiencia. Éste es el momento de una nueva lucha democrática.
Para salir del cuento y del infierno.
Exacto.
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