“Cuando pien­sas que lo único que te falta son pal­abras, lo que real­mente te fal­tan son ideas” George Lakoff

Código Obama (I)

Publicado: 12/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Destacado, Marcos, Metáforas, Storytelling | Etiquetas: , , , | Tienes algo que decir »

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En el men­saje al Con­greso que el Pres­i­dente Obama se apresta a dar, los exper­tos harán hin­capié en las ejes de las cues­tiones políti­cas: el sis­tema ban­cario, la edu­cación, la energía, el cuidado de la salud. Pero más allá de la política, habrá una visión de América y una visión moral y una visión de unidad que los exper­tos sue­len perder.

Lo que falta es el Código Obama. En aras de la unidad, el Pres­i­dente tiende a expre­sar su visión moral indi­rec­ta­mente. Al igual que otros auto‐consciente y alta­mente artic­u­lar oradores, se conecta con su público medi­ante lo que los cien­tí­fi­cos cog­ni­tivos lla­man “incon­sciente cog­ni­tivo”. Hablando nat­u­ral­mente, que per­mite conec­tar con la estruc­tura más pro­funda dicién­dolas en ideas sim­ples. Si le siguen, las ideas pro­fun­das se comu­ni­can incon­scien­te­mente y automáti­ca­mente. El Código es la forma más efi­caz de lle­var al país en torno a los val­ores fun­da­men­tales.

Para los par­tidar­ios del Pres­i­dente, es cru­cial para enten­der el Código, a fin de poder hablar abier­ta­mente acerca de los antiguos val­ores que nue­stro nuevo Pres­i­dente está comu­ni­cando. Es nece­sario porque dece­nas de mil­lones de esta­dounidenses (los con­ser­vadores y pro­gre­sis­tas) aún no perciben el cam­bio fun­da­men­tal que Obama está pro­duciendo.

La pal­abra “código” se puede referir a un sis­tema de comu­ni­cación o bien moral. El Pres­i­dente Obama ha inte­grado las dos. El Código Obama es de moral y lingüís­tica a la vez. El Pres­i­dente está uti­lizando su enorme capaci­dad como comu­ni­cador para expre­sar un sis­tema moral. Como él ha dicho, los pre­supuestos son doc­u­men­tos morales. Su pro­grama económico está lig­ado a su sis­tema moral, y se dis­cute en el Código, como lo son casi todas de sus otras políti­cas.

Detrás del Código Obama se mueven siete fun­da­men­tos int­elec­tu­aes que creo son históri­ca­mente, en la prác­tica, y cog­ni­ti­va­mente ade­cua­dos, así como tam­bién políti­ca­mente astu­tos. No son todos evi­dentes, y que con­jun­ta­mente pueden pare­cer mis­te­riosas. Esa es la razón por la que vale pena hacer una clar­i­fi­cación uno por uno.

Los val­ores sobre los pro­gra­mas

El primer paso es dis­tin­guir los pro­gra­mas de los sis­temas de val­ores que rep­re­sen­tan. Cada política tiene un aspecto mate­r­ial, los ejes con­cre­tos de las prop­ues­tas tienen aspecto cog­ni­tivo implíc­ito que rep­re­senta los val­ores y las ideas detrás de las ini­cia­ti­vas. El Pres­i­dente sabe la difer­en­cia. Entiende que los que se ven a sí mis­mos como “pro­gre­sis­tas” o “con­ser­vador” con demasi­ada fre­cuen­cia estas pal­abras se definen en tér­mi­nos de pro­gra­mas en vez de val­ores. Incluso los pro­gra­mas defen­di­dos por los pro­gre­sis­tas pueden no enca­jar con lo que el Pres­i­dente con­sid­era que son los val­ores fun­da­men­tales del país. Él está tratando de alin­ear los pro­gra­mas de su gob­ierno con esos val­ores.

La poten­cial oposi­ción ven­drá no sólo de los con­ser­vadores que no com­parten sus val­ores, pero al igual que mucho de los pro­gre­sis­tas, que come­ten el error de pen­sar que los pro­gra­mas son los val­ores y pro­gre­sismo se define por una lista de pro­gra­mas. Cuando algunos de esos pro­gra­mas son de corte económico pueden ser secun­dar­ios o no esen­ciales, inevitable­mente sus defen­sores ven esto como un giro con­ser­vador en lugar de avan­zar un paso den­tro de una visión moral que com­parten con el Pres­i­dente.

Los Val­ores son el Pro­greso de los Val­ores de Esta­dos Unidos

El Pres­i­dente Obama entiende lo fun­da­men­tal que son los “val­ores amer­i­canos”. En “Moral Política”, describí lo que encon­tré implíc­ito, a menudo incon­sciente, detrás de los sis­temas de val­ores pro­gre­sis­tas y con­ser­vadores. El Pen­samiento pro­gre­sista se apoya, en primer lugar, sobre el valor de la empatía, pon­erse en los zap­atos de otras per­sonas, ver el mundo a través de sus ojos, y por lo tanto cuidar de ellos. El segundo prin­ci­pio es que actúen con respon­s­abil­i­dad, tanto para uno mismo y a los demás, la sociedad, así como tam­bién con respon­s­abil­i­dad indi­vid­ual. El ter­cero es actuar para mejo­rar a nosotros mis­mos, nue­stro país y al mundo, lo que Obama ha lla­mado una “ética de la exce­len­cia” hacia la creación de “una Unión más per­fecta”.

La lóg­ica es sim­ple: La empatía es la razón por la que ten­emos los val­ores de la lib­er­tad, la equidad y la igual­dad, para todos, no sólo para deter­mi­nadas per­sonas. Si nos ponemos en los zap­atos de los demás, nosotros quer­e­mos que todos sean libres y ten­gan un trato justo. Empatía con­necta con la igual­dad: nadie debe ser tratado peor que cualquier otra per­sona. La empatía nos lleva a la democ­ra­cia: para evi­tar ser objeto indefinida­mente a los capri­chos de un gob­er­nante opre­sivo e injusto, ten­emos que ser capaces de ele­gir quien nos gob­ierna y que nece­si­ta­mos un gob­ierno de leyes.

Obama ha sostenido que lo que yo, en mis escritos, ha lla­mado a los val­ores “pro­gre­sista” los val­ores fun­da­men­tales. Desde su per­spec­tiva, no son pro­gre­sis­tas, son sólo val­ores amer­i­canos.

Por George Lakoff


“Vivimos en la gran mentira”

Publicado: 11/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Marcos, Metáforas, Storytelling | Etiquetas: , , , , , , | Tienes algo que decir »

mentiras

Chris­t­ian Salmon, francés de Marsella, donde nació en 1951, ded­ica su esfuerzo de escritor a rev­e­lar la gran men­tira en la que vivi­mos. El resul­tado es el libro Sto­ry­telling, que pub­lica ahora en España Penín­sula y que tiene este sub­tí­tulo: La máquina de fab­ricar his­to­rias y for­matear las mentes. Él fue pres­i­dente del Par­la­mento de Escritores, y, una vez extin­guida esta esforzada insti­tu­ción, Salmon no ha cesado de pre­gun­tarse sobre la fic­ción que vivi­mos. Esta sem­ana hablamos en París con él acerca de sus con­clu­siones.

Se deduce de su libro que vivi­mos engaña­dos.

Vivi­mos en la gran men­tira. Se ve muy bien en la cri­sis financiera: la per­cep­ción de las cosas es más impor­tante que la real­i­dad de las cosas. Ésta es una cri­sis de per­cep­ción. Y si hablamos de política, es lo mismo. Los políti­cos no argu­men­tan, no abren un debate, sino un teatro, una his­to­ria. Sto­ry­telling: cuen­tan un cuento. John McCain ha escrito un libro, Faith of my fathers (La fe de mis padres), y Obama tit­ula el suyo Dreams from my father (Sueños de mi padre)… Inde­pen­di­en­te­mente de que nos guste más Obama, lo cierto es que los dos pre­sen­tan un teatro vir­tual, una cadena de pos­turas que obe­de­cen a los mis­mos códi­gos: sto­ry­line, tim­ing, fram­ing, net­work­ing… La per­cep­ción es más impor­tante que la real­i­dad.

¿Y la cri­sis tam­bién se cuenta como se cuenta un cuento, o una men­tira?

Desde los años ochenta, la belleza de las empre­sas, su cos­mética, ha tomado una impor­tan­cia demasi­ado despro­por­cionada en relación con la real­i­dad. Toma el caso de Enron: es la primera empresa de fic­ción que no se com­porta con un cri­te­rio racional, sino como un actor haciendo una per­for­mance ante una audi­en­cia a la que quiere diver­tir y a la que quiere con­vencer de que es la más inno­vadora.

La más nove­dosa.

Pero no demues­tra la capaci­dad de inno­vación con cri­te­rios pro­fe­sion­ales sino sim­bóli­cos. Echa a un 10% de tra­ba­jadores cada año y así cree estar dando una mues­tra de ren­o­vación. Y sólo está actuando para que la vean desde Wall Street.

O sea, todo un circo.

Todo un circo. La real­i­dad de la economía no existe, y eso que no existe gen­era plus­valía, pero se aleja de la real­i­dad. Lo que ocurre hoy es un retorno, una vuelta de la real­i­dad.

Una real­i­dad ter­ri­ble.

George Soros ha escrito un libro en el que dice que la causa de la cri­sis no son los espec­u­ladores, sino cómo la gente en Wall Street anal­iza las cosas por la per­cep­ción que tienen, no por la real­i­dad de las cosas. Existe un sto­ry­telling del man­age­ment financiero, un sto­ry­telling del mar­ket­ing: una marca es hoy en día una his­to­ria. Lo que he inten­tado hacer en el libro es mostrar cómo se con­struye, al lado de la real­i­dad, un orden nuevo del relato, un orden fic­ti­cio que susti­tuye a la real­i­dad.

En nar­ra­tiva o en fic­ción eso es noble, pero en política y en economía eso tiene con­se­cuen­cias ter­ri­bles. No es lo mismo Flaubert que Enron.

Abso­lu­ta­mente. Desde siem­pre, la humanidad contó his­to­rias. Mi con­vic­ción es que la nov­ela mod­erna se con­sti­tuyó a par­tir de una polémica con el sto­ry­telling de la época. Don Qui­jote habla desde su pról­ogo de un hom­bre que tiene la mente llena de men­ti­ras, de fal­sos relatos.

Que la nov­ela viene a limpiar.

A desmi­ti­ficar. Madame Bovary es tam­bién una reac­ción con­tra el sto­ry­telling, los cuen­tos, de la época. Así que la ética de la nov­ela es luchar con­tra el sto­ry­telling. Y ahora esta ten­den­cia a dormir a la gente con cuen­tos ha tomado una fuerza que nunca se había visto.

Ahora todo es cuento, parece. Lo que decía León Felipe: nos tratan de dormir con cuen­tos.

Anto­nio Dam­as­cio, un neu­ro­cien­tí­fico, decía recien­te­mente que “el cere­bro es la artic­u­lación de razón y de ilusión”. Eso es nor­mal. Pero hoy día una cam­paña elec­toral es una agre­sión per­ma­nente del cere­bro con un bom­bardeo de noti­cias fal­sas. Cuando Roo­sevelt hablaba en la radio, uno tenía tiempo de pen­sar, la razón podía retomar el argu­mento; pero hoy no hay tiempo de reflex­ión, y eso hace desa­pare­cer los espa­cios democráti­cos. Porque nece­si­tan un tiempo, una arqui­tec­tura insti­tu­cional (las cámaras par­la­men­tarias, el poder ejec­u­tivo, el poder leg­isla­tivo). Toda esta arqui­tec­tura hoy día desa­parece por otra escena, una escena de la per­for­mance política: un hom­bre se sitúa ante la audi­en­cia y trata de ori­en­tar las emo­ciones hacia sí mismo.

Y, además, ese hom­bre no es él mismo, está rodeado de gente que le susurra qué ha de hacer.

Son los spin doc­tors de los can­didatos, los lob­bies, los sto­ry­tellers… He escrito algo cómico sobre el primer Gob­ierno de Sarkozy. Decía que la Mesa del Con­sejo era como un gob­ierno de las flo­res, cada uno rep­re­sentaba un sím­bolo: uno era la igual­dad; el otro, los dere­chos humanos, el otro era el human­i­tario. ¡Un jardín! Los min­istros no son elegi­dos por su com­pe­ten­cia, sino por su pres­en­cia mediática, por su capaci­dad de acción en los cam­pos mediáti­cos.

Por la flor que rep­re­sen­tan.

Es ter­ri­ble. Por ejem­plo, la min­is­tra de Jus­ti­cia, Rachida Dati, la que va a tener un hijo con no se sabe quién, es como la Ceni­cienta, que se trans­forma a medi­anoche en una reina. Es una his­to­ria, como un cuento. Y está en las elec­ciones norteam­er­i­canas, por supuesto: Barack Obama cuenta un cuento, John McCain cuenta un cuento. Pero Barack Obama va a ganar porque no es sola­mente el cuento: él dispone de un cuadrado mágico (el sto­ry­line, el tim­ing, el fram­ing, el net­work­ing) que le per­mite ges­tionar el tiempo, encuadrar su men­saje, finan­ciar la cam­paña con los ade­cua­dos mil­i­tantes… Y McCain sólo tiene el sto­ry­line, todo lo demás se le ha des­baratado. Y cuando ha atraído a Sarah Palin, no lo ha enmen­dado, lo ha empe­o­rado: él es un pres­i­dente viejo que tiene un encuadre ide­ológico, y ella es una vicepres­i­denta joven con un encuadre com­ple­ta­mente difer­ente.

Volva­mos a la men­tira. Insu­per­a­ble la de las armas de destruc­ción masiva en Irak.

Bush llegó en el 2000 con una his­to­ria (un sto­ry­telling) que con­tar, todo el gabi­nete estaba preparado para con­tar un cuento, y el aten­tado con­tra las Tor­res Geme­las crea otra real­i­dad… En los días pos­te­ri­ores al 11‐S, el equipo de Bush citó en la Casa Blanca a los direc­tores de Hol­ly­wood: había que imag­i­nar lo que seguía.

Y fue la invasión de Irak.

Con un cin­ismo tremendo. Una invasión basada en cuen­tos. Y hay un cuento, el de las mujeres afganas a las que los tal­ibanes arran­ca­ban las uñas, que empezó a estar en todos los dis­cur­sos, como si ésa fuera una prác­tica habit­ual que jus­ti­fi­caba cualquier repre­sión. Y luego tú inves­ti­gas y ves que ese fue tan sólo un caso, y no tan grave como llegó a estar en los cuen­tos sobre las atro­ci­dades de los tal­ibanes.

La men­tira sirve para con­tro­lar a la opinión.

El poder hace cir­cu­lar his­to­rias para man­ten­erse. Si con­sigu­iera del todo su propósito estaríamos ante un total­i­tarismo, pero aún es posi­ble con­trade­cir los cuen­tos.

¿Habría que descon­fiar de todo?

No, de la expe­ri­en­cia no hay que descon­fiar. Yo creo que esta­mos en un nuevo modo de opre­sión, no sola­mente política, sino una opre­sión sim­bólica que impide a la gente con­struir su propia vida, pen­sar y con­tar su propia expe­ri­en­cia. Éste es el momento de una nueva lucha democrática.

Para salir del cuento y del infierno.

Exacto.