“Cuando no encuen­tras las pal­abras es que no tienes las ideas” George Lakoff

El Storytelling de Acurio: Política Gastronómica

Publicado: 18/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Storytelling | Etiquetas: , , , , , , | Tienes algo que decir »

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La man­era en que la gente percibe los fenó­menos es cen­tral para for­mar una opinión en las per­sonas, pero más aún, tam­bién influye en las creen­cias de las per­sonas acerca de como son “real­mente” esos fenó­menos. Las com­pañías y los líderes no requieren dar fun­da­men­tos de lo que cuen­tan, más bien traen un relato escenifi­cado.

Una marca es una his­to­ria

Gastón Acu­rio, el chef peru­ano más recono­cido mundial­mente, es un buen ejem­plo donde su iden­ti­dad pública a –soci­ada a las dis­tin­tas mar­cas de sus restaurantes‐  juega un rol y tiene un relato más allá del campo gas­tronómico; “Mi tra­bajo es lle­var la gas­tronomía peru­ana al mundo, poner una ban­dera de lid­er­azgo en países acos­tum­bra­dos a man­darnos el men­saje de que ellos son los únicos capaces de esto y no nosotros”.  Acu­rio en este relato se aso­cia del­i­cada­mente a las nar­ra­ti­vas ide­ológ­i­cas de la “dom­i­nación” con visos de nacional­ismo; “Nos enseñaron a ser ciu­dadanos pre­des­ti­na­dos a ser ter­cer­mundis­tas. Ciu­dadanos de segunda cat­e­goría expor­ta­dores de mate­rias pri­mas, impor­ta­dores de pro­duc­tos ter­mi­na­dos, lo impor­tado es bello, lo nacional es feo, entonces la cocina emerge como una reac­ción a eso y con­ta­gia a todo el país con ese sen­timiento y hoy el peru­ano se siente orgul­loso de serlo”.

Al ritmo del con­texto

Este sto­ry­tlling está ha ido desar­rol­lán­dose con un cierto ritmo, hace un par de años sólo la primera cita era fre­cuente en el dis­curso de Acu­rio, lo que podríamos lla­mar etapa difusión desar­rol­lista (“si abri­mos miles de restau­rantes peru­anos en el mundo podemos acabar con el sub­de­sar­rollo de nue­stro país”), pos­te­ri­or­mente fue incor­po­rando nuevos ele­men­tos ya más ide­ológico aso­ci­ado a la crítica del mod­elo de desar­rollo basado en la exportación de mate­rias pri­mas (“Ciu­dadanos de segunda cat­e­goría expor­ta­dores de mate­rias pri­mas”). Esta variación de la nar­ra­tiva no ha sido casual, ha ido siendo con­struyén­dose en para­lelo al crec­imiento de su iden­ti­dad y a la ampliación de su red de restau­rantes en el mundo, tam­bién los cam­bios en los “vien­tos” ide­ológi­cos mundi­ales. No esta­mos diciendo que Acu­rio esté en medio de un pro­ceso de trans­for­ma­ción de su pen­samiento, más bien está expre­sando su relato en fun­ción de cómo han ido cam­biando las ten­den­cias políti­cas mundi­ales.

En una red de soporte

Este relato va con­struyendo un orden, no nece­sari­a­mente fic­ti­cio, ya que hay acciones sociales que Acu­rio está desar­rol­lando que van con­fig­u­rando una per­cep­ción de real­i­dad conc­reta y en una direc­ción definida. Dado que vamos artic­u­lando una mez­cla de razón y de ilusión, parte cen­tral de este relato es que sea reit­er­ado y repetido y por medios y for­matos diver­sos.

La audi­en­cia de Gastón Acu­rio, va siendo reforzada con un relato estruc­turado, cada vez más amplio y a la vez más reit­er­ado. Toda la arqui­tec­tura de su relación con los medios e incluso en sus restau­rantes está coor­di­nada de esa forma, o al menos va siendo coher­ente.

Tam­poco se trata que Acu­rio enfrente sólo el desafío de con­struir un relato con una ori­entación, social y política (a pesar que el la denomine “política gas­tronómica”), él se siente parte de un movimiento (“los cocineros del Perú somos un movimiento que lo único que busca es hacer de la gas­tronomía un instru­mento de desar­rollo económico y social. Ser expor­ta­dores de ten­den­cias de con­sumo”). Una red y movimiento de “expor­ta­dores de ten­den­cias de con­sumo”,  que aunque sea real o fic­ti­cio, le gen­era una red más allá de sus nego­cios o al menos gen­era la ilusión de su exis­ten­cia. Esta red es clave para que las per­sonas vean que el relato tiene un soporte más allá del per­son­aje y per­mita con­fig­u­rar un red de mayor tamaño, ya que sus clientes se pueden sen­tir tam­bién parte del movimiento.

Con un encuadre

En el con­texto político y económico de cam­bio en el lid­er­azgo mundial el reem­plazo de Bush por Obama, de cri­sis económica y tam­bién de rup­tura con los par­a­dig­mas de desreg­u­lación del mer­cado, Acu­rio asume que su pos­tura política es un imper­a­tivo moral, ya no es una opción ide­ológ­ica y política, sino una cuestión de ética, al declarar: “en el Perú es obligación moral ser de izquierda. Porque es un país con mucha pobreza y todas las políti­cas tienen que estar en fun­ción de esas per­sonas que son la may­oría. Una izquierda no enten­dida como el con­trol de la activi­dad pro­duc­tiva por parte del Estado, no una izquierda que le quita al rico para darle al pobre, sino que como una serie de acciones del Estado para dar­les her­ramien­tas a los no favore­ci­dos para que puedan ser creadores de riquezas”. Como vemos tiene una pos­tura socialdemocráta pero con una fuerte emo­ción de izquierda. Este encuadre asume al Estado como un actor pro­tec­tor y activo en la economía. Las metá­foras uti­lizadas (her­ramien­tas, no favore­ci­dos, creadores de riqueza”) per­miten pro­ducir una inter­pretación amplia de las acciones posi­bles de desar­rol­lar para lograr ese obje­tivo, no son casuales y tam­poco neu­tras.

Lo ante­rior se ve reforzado con la car­ac­ter­i­zación que hacer de las clases sociales de Perú pero que podrían ser aplic­a­bles a toda Lati­noamérica, donde después del imper­a­tivo moral de su opción política lo refuerza con una división explícita respecto a la respon­s­abil­i­dad: “la clase tra­ba­jadora es muy amable, de una bon­dad y una pacien­cia a prueba de todo. La clase dom­i­nante nunca ha estado a la altura de sus respon­s­abil­i­dades”. Esta declaración es acom­pañada con una res­olu­ción de cam­bio: “Tengo claro es que mi gen­eración no está dis­puesta a ser igual que la ante­rior. No esta­mos dis­puestos de que nos acusen de no haber estado a la altura de nues­tras respon­s­abil­i­dades”.

Como vemos los ele­men­tos claves de lo que Salmón llama el “cuadrado mágico”, están pre­sentes en la iden­ti­dad de Gastón Acu­rio, obser­va­mos clara­mente como los chefs tienen hoy muchas más opor­tu­nidades de con­ver­tirse en fig­uras públi­cas o cele­bri­dades, pero tam­bién son una marca y todas las mar­cas son un relato. Cualquier político, líder en algún ámbito o com­pañía que no tome en cuenta estos ele­men­tos, más aún en el con­texto actual con las poderosas fuerzas de las redes sociales en Inter­net y los cam­bios que están ocur­riendo en los medios elec­tróni­cos tradi­cionales, siem­pre estará en una gran desven­taja frente a quien maneje estos aspec­tos como parte de su estrate­gia y “ser” como iden­ti­dad pública.

* Citas extrac­tadas de una entrvista en el perídico Mer­cu­rio de San­ti­ago, Chile.


Storytelling, el nuevo lenguaje de hacer política

Publicado: 12/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Storytelling | Etiquetas: , , , | Tienes algo que decir »

salmonentrevistaEntre­vista a Chris­t­ian Salmon


“El aspecto cos­mético está por encima de la coheren­cia de un proyecto. Es la deca­den­cia de la política”

Lo que sigue es el diál­ogo que man­tuvo Renée Kan­tor con el autor de Sto­ry­telling un ensayo, del escritor frances, Chris­t­ian Salmon de gran difusión en Europa donde se des­cubre la cara oculta de los mecan­is­mos clave del poder. Las pal­abras “política”, “com­pro­miso”, “ide­ología” quedan anu­ladas por una instan­cia que las supera: el sto­ry­telling o el arte de con­tar una his­to­ria. Es la “nueva arma de dis­trac­ción masiva”. No se trata de una fic­ción, sino de una nueva forma de ges­tionar que uti­liza la nar­ración como una man­era de sim­u­lar, con­vencer y mov­i­lizar a la opinión pub­lica.

El sto­ry­telling, es mil veces más efi­caz que la sim­ple pro­pa­ganda, pues sin necesi­dad de cam­biar la forma de pen­sar de la gente la hacen par­tic­i­par de una nov­ela hero­ica y fan­tás­tica. El sto­ry­telling pre­cede a la real­i­dad, porque lo que pre­tende es crear.

En este último libro usted hace ref­er­en­cia a la uti­lización del relato en la comu­ni­cación política como un modo de per­suasión. ¿Se trata de un fenó­meno reciente y exclu­sivo del Primer Mundo?

Si ten­emos en cuenta su impor­tan­cia actual, podemos con­sid­erar que es un fenó­meno rel­a­ti­va­mente nuevo, que nace a medi­a­dos de los 90 y está lig­ado a var­ios fac­tores: a la explosión de Inter­net, la tele­visión por cable y a la oferta mediática 24 horas al día.

Como explic­aba muy bien Alas­tair Camp­bell, el ex con­se­jero de Tony Blair: “Cuando lleg­amos al poder, nos encon­tramos en una situación en la que para hac­erse escuchar había que ‘crear el parte mete­o­rológico’ todos los días”. O sea, estruc­turar los men­sajes de comu­ni­cación para que lleguen al público. La toma de con­cien­cia de la impor­tan­cia de los medios nace en la época de Richard Nixon y el Water­gate que, con­tra lo que se cree, no marca el nacimiento del peri­odismo como cuarto poder, sino el des­cubrim­iento por parte de los políti­cos y de los asesores de comu­ni­cación de que los medios pueden destruir una pres­i­den­cia. Basta con citar la frase del actual vicepres­i­dente esta­dounidense Dick Cheney: “Si no mane­jamos la agenda de los medios, ellos nos saque­arán a nosotros”. Ya no se trata de actuar primero políti­ca­mente y, luego, de comu­nicar. Comu­nicar se trans­forma en una oposi­ción entre dos tér­mi­nos: state­craft (acción política) y stage­craft (puesta en escena de esa acción). Ya no son un com­ple­mento la una de la otra, sino que esta última se vuelve pri­or­i­taria.

Este pro­ceso comienza real­mente a desar­rol­larse durante el mandato de Ronald Rea­gan, cuando, para impon­erse, la rev­olu­ción con­ser­vadora nece­sitaba con­vencer a parte de la población de que adop­tase el credo neolib­eral. Rea­gan y sus asesores, a los que en esa época comienza a lla­marse spin doc­tors, desar­rol­lan la idea según la cual con­tando his­to­rias y estruc­turando la comu­ni­cación día tras día se logra focalizar la aten­ción de la gente. El men­saje tiene como obje­tivo encuadrar el debate político. Esta doc­t­rina se reforzará con Clin­ton y con con­se­jeros como James Carville y Paul Beguela, que comien­zan a dar forma a esta prác­tica del sto­ry­telling. ¿Está lim­i­tado ese fenó­meno al Primer Mundo? Sí, por ahora, aunque poco a poco se va expan­di­endo a otras regiones. Estos mis­mos exper­tos en comu­ni­cación han tra­ba­jado por ejem­plo en la elec­ción de Evo Morales en Bolivia.

¿Pero esta teoría no sug­iere la idea de que la ciu­dadanía sería como un rebaño de ove­jas, que se deja lle­var por las escenografías creadas por un par de cíni­cos comu­ni­cadores?

No es así. Antes que nada, el sto­ry­telling no debe ser percibido y anal­izado sólo como una téc­nica de comu­ni­cación que ten­dría como obje­tivo engañar a la gente. Eso es una sim­pli­fi­cación, y dig­amos que fun­ciona de esa forma en un primer nivel, pero no es sólo una téc­nica de manip­u­lación, sino un dis­pos­i­tivo que incluye a los políti­cos, los comu­ni­cadores, los spin doc­tors o como ahora se les llama los story spin­ners, los teje­dores de his­to­rias, los medios, Inter­net… y, una vez que la maquinaria está lan­zada, todo el mundo par­tic­ipa de este movimiento. El sto­ry­telling es mucho más efi­caz que la pro­pa­ganda. No pre­tende mod­i­ficar las con­vic­ciones de la gente, sino que busca hac­erla partícipe de una his­to­ria apa­sio­n­ante, de una gran nov­ela. Apunta a la credul­i­dad y a la emo­ción. Es la real­i­dad en la que vivi­mos. Hemos pasado de la opinión pública a la emo­ción pública. Lo impor­tante ya no es el debate de ideas, sino la reg­u­lación de las emo­ciones.

Pero hoy en día, en Fran­cia, por ejem­plo, se viven los límites del sto­ry­telling: el pres­i­dente Sarkozy no deja de bajar en las encues­tas, que lo sitúan cada vez más lejos de los ciu­dadanos.

El sto­ry­telling no es un arma en las manos del poder que fun­ciona siem­pre. Con Nico­las Sarkozy fun­cionó muy bien durante la cam­paña elec­toral. En 2004, Henri Guaino, su con­se­jero y autor de todos sus dis­cur­sos, le explicó que no con­seguiría ser elegido con un pro­grama neolib­eral, y que la solu­ción era con­tar una his­to­ria acerca de la nación, apropi­arse de los sím­bo­los de la izquierda… Guaino hizo bien este tra­bajo y Sarkozy, que es un gran actor, real­izó una buena puesta en escena. La cam­paña de Bush en 2000 se con­struyó sobre su lucha per­sonal con­tra el alco­hol; Sarkozy tam­bién se apoyó en una idea de sufrim­iento y reden­ción que dio lugar a un dis­curso com­pa­sivo. Pero muy pronto, después de su elec­ción, las cosas cam­biaron. ¡Y es que la real­i­dad acaba imponién­dose! Y no hay que subes­ti­mar que Sarkozy mostró un cierto grado de impul­sivi­dad e inmadurez. Cometió graves errores al mezclar su vida pública y la pri­vada. Por otra parte, entre su dis­curso y los hechos hay una per­ma­nente con­tradic­ción. Por un lado, se divor­cia y se casa casi al mismo tiempo y, por el otro, cuando se encuen­tra con el papa Bene­dicto XVI, real­iza una crítica sola­pada al Estado laico. Le ha costado con­struir secuen­cias coher­entes. Porque se trata de eso: de crear una serie de his­to­rias en forma de fol­letín, y es el enca­de­namiento de las mis­mas lo que per­mite cap­tar la aten­ción y ali­men­tar el sus­pense. Que todos se pre­gun­ten: “Después de este episo­dio, ¿qué pasará?, ¿cómo seguirá la his­to­ria”.

¿Por qué la relación de Sarkozy con Carla Bruni no con­vence a los france­ses?

Por muchas razones. En primer lugar está este cuento de Navi­dad, en el que Mickey encuen­tra a Blan­canieves en Dis­ney­lan­dia (las primeras imá­genes de Carla Bruni y Nico­las Sarkozy se toman en Eurodis­ney). Esta secuen­cia llega una sem­ana después de que el coro­nel Gaddafi –el lobo malo de los cuen­tos de hadas– haya ocu­pado de un modo muy polémico el cen­tro de la escena. Y gra­cias a este nuevo relato de una his­to­ria amorosa, el foco dejó de cen­trarse en las desas­trosas con­se­cuen­cias de la visita de un dic­ta­dor recibido con los lau­re­les de un rey y se dirigió al glam­our de la nueva pareja pres­i­den­cial. Pero todo fue demasi­ado rápido. Entre las declara­ciones en las que Sarkozy ase­guraba: “Cécilia y yo nos hemos reen­con­trado y es para toda la vida”, y su divor­cio anun­ci­ado en un tiempo récord, y el encuen­tro con Carla, pasaron sólo días. Ninguna familia puede creerse ese relato.

¿Esta his­to­ria es ver­dadera o es sólo una pan­talla de humo?

¿Qué es enam­orarse? No creo que haya con­tradic­ción entre la con­struc­ción y el entra­mado de una escenografía y el hecho de que ellos per­sonal­mente crean que están enam­ora­dos en real­i­dad. Porque, de todas man­eras, una his­to­ria de amor uno la con­struye. Lo que importa en el caso de esta par­tic­u­lar pareja de amantes es el uso estratégico que hacen de sí mis­mos, de sus sen­timien­tos. Ya no se trata de su vida pri­vada, porque todo con­siste en salir a escena para dis­traer a la opinión. En el caso del pres­i­dente francés pronto apare­ció como algo falso, pre­fab­ri­cado y es lo que está pagando ahora. Tam­bién tiene un elec­torado rel­a­ti­va­mente mayor que puede estar un poco noqueado por su gusto por el dinero, su lado fútil y frívolo, pero sobre todo es su cred­i­bil­i­dad la que ya no fun­ciona.

¿Esta­mos ante el fin de la política tradi­cional?

Abso­lu­ta­mente. El sto­ry­telling se impone y no hay que con­fundirlo con el relato. El gen­eral De Gaulle fue el primero, después de la Segunda Guerra Mundial, en mostrar que una nación es una nar­ración, pero hay una difer­en­cia. De Gaulle orga­nizó la resisten­cia con­tra la ocu­pación nazi. Y luego, llegó al poder sobre esta base y fue quien orga­nizó la des­col­o­nización. Su relato –con el que uno puede estar de acuerdo o no– se basa en una expe­ri­en­cia real. La expe­ri­en­cia pre­cede a la nar­ración. Luego, el relato anal­iza la expe­ri­en­cia y la trans­mite. A la inversa, el sto­ry­telling pre­cede a la expe­ri­en­cia, porque lo que quiere es pre­scribirla, dic­tarla y ori­en­tarla.

¿Los políti­cos ya no tienen poder para pesar en la his­to­ria?

Exac­ta­mente. Las grandes deci­siones se toman en Bruse­las, en Wall Street y en Wash­ing­ton. El mar­gen de man­io­bra se vuelve cada vez más pequeño, esto es evi­dente. Y cuando un político se con­vence de que no tiene poder para influir en la his­to­ria, pues bien, sólo le queda dedi­carse a relatarla. La gestión política se con­vierte en una gestión ide­ológ­ica de masas. Si la política se vuelve cada vez más un espec­táculo, un esce­nario o una nar­ración, es porque los políti­cos no tienen nada trascen­dente que con­tar. No pueden ini­ciar un com­bate colec­tivo, no pueden unir a la nación alrede­dor de ver­daderos desafíos, como la lucha con­tra la pobreza, el crec­imiento, la edu­cación, la ecología. Se sien­ten impo­tentes frente a todos estos retos, por lo que deci­den ubi­carse del lado del valor, de lo sim­bólico, y se crea una política basada en el mito. Inven­ta­mos mitos para diver­tir, para dis­traer.

Lo que hay en común entre el sto­ry­telling y su apli­cación en la gestión, la política, la defensa o la diplo­ma­cia es que, en todos los casos, se trata de cap­tar la aten­ción. Son téc­ni­cas de focal­ización de la aten­ción pública y, si las com­para­mos con los suce­sos de Mayo del 68, lo que ocur­ría con el poder de la época es que temía una revuelta inspi­rada en las ide­ologías alter­na­ti­vas, había una cred­i­bil­i­dad colec­tiva en cier­tos relatos, como la eman­ci­pación. A par­tir del momento en el que esos relatos fueron destru­i­dos, el peli­gro ya no es la revuelta social sino la pasivi­dad, la ausen­cia de com­pro­miso, la desmov­i­lización. En Fran­cia, esta­mos con­tentos por el alto grado de par­tic­i­pación ciu­dadana en las elec­ciones, pero es como el rank­ing de un real­ity show, es un índice no de par­tic­i­pación política, sino de mov­i­lización emo­cional, de par­tic­i­pación en un espec­táculo más que en una elec­ción.

¿En qué medida colaboró el sto­ry­telling en la reelec­ción de Zap­a­tero en España?

España no se encuen­tra al mar­gen del sto­ry­telling. Zap­a­tero llegó por primera vez al poder no porque tuviera un gran relato que con­tar, sino porque el sto­ry­telling de Aznar se der­rumbó tras los aten­ta­dos del 11‐M. Tengo la impre­sión de que Zap­a­tero tiene un per­fil que le acerca mucho a Blair. Es la izquierda de val­ores, como Sególène Royal. Esa izquierda fun­ciona de la sigu­iente man­era: trans­fiere el campo de lo político a la esfera de los val­ores; el campo de la eman­ci­pación al de la par­tic­i­pación y la inte­gración. Es lo que yo denomino “loft político”, parafrase­ando el nom­bre del real­ity Loft Story (el equiv­a­lente francés de Gran Her­mano o de Big Brother). Es la apari­ción de una razón sen­ti­men­tal en lugar de la tradi­cional razón cínica, como anun­ciaba Jean Bau­drillard en 1995. ¿O no se trataría más bien de una forma nueva de realpoli­tik en la época de Inter­net y los nuevos medios de comu­ni­cación, una realpoli­tik de las emo­ciones, que empuja a los líderes políti­cos a hacer un uso estratégico de los sen­timien­tos?

Todo este fenó­meno se da tanto en la esfera pública como en las empre­sas. Éstas depen­den menos de los resul­ta­dos obtenidos que de la per­cep­ción que tienen sus socios, la opinión pública o los accionistas. Una caída en las encues­tas es tan grave como un crash bursátil. El aspecto cos­mético está por encima de la coheren­cia de un proyecto, y la belleza o apari­en­cia de los hom­bres y de las insti­tu­ciones pro­tag­o­nistas se han con­ver­tido en sinón­imo de flex­i­bi­lización, de adaptación. Es la inex­orable deca­den­cia de la política, que obliga a los gob­er­nantes a sin­cronizar lo íntimo y el prime time.

Renée Can­tor, 18 de junio de 2008


“Vivimos en la gran mentira”

Publicado: 11/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Marcos, Metáforas, Storytelling | Etiquetas: , , , , , , | Tienes algo que decir »

mentiras

Chris­t­ian Salmon, francés de Marsella, donde nació en 1951, ded­ica su esfuerzo de escritor a rev­e­lar la gran men­tira en la que vivi­mos. El resul­tado es el libro Sto­ry­telling, que pub­lica ahora en España Penín­sula y que tiene este sub­tí­tulo: La máquina de fab­ricar his­to­rias y for­matear las mentes. Él fue pres­i­dente del Par­la­mento de Escritores, y, una vez extin­guida esta esforzada insti­tu­ción, Salmon no ha cesado de pre­gun­tarse sobre la fic­ción que vivi­mos. Esta sem­ana hablamos en París con él acerca de sus con­clu­siones.

Se deduce de su libro que vivi­mos engaña­dos.

Vivi­mos en la gran men­tira. Se ve muy bien en la cri­sis financiera: la per­cep­ción de las cosas es más impor­tante que la real­i­dad de las cosas. Ésta es una cri­sis de per­cep­ción. Y si hablamos de política, es lo mismo. Los políti­cos no argu­men­tan, no abren un debate, sino un teatro, una his­to­ria. Sto­ry­telling: cuen­tan un cuento. John McCain ha escrito un libro, Faith of my fathers (La fe de mis padres), y Obama tit­ula el suyo Dreams from my father (Sueños de mi padre)… Inde­pen­di­en­te­mente de que nos guste más Obama, lo cierto es que los dos pre­sen­tan un teatro vir­tual, una cadena de pos­turas que obe­de­cen a los mis­mos códi­gos: sto­ry­line, tim­ing, fram­ing, net­work­ing… La per­cep­ción es más impor­tante que la real­i­dad.

¿Y la cri­sis tam­bién se cuenta como se cuenta un cuento, o una men­tira?

Desde los años ochenta, la belleza de las empre­sas, su cos­mética, ha tomado una impor­tan­cia demasi­ado despro­por­cionada en relación con la real­i­dad. Toma el caso de Enron: es la primera empresa de fic­ción que no se com­porta con un cri­te­rio racional, sino como un actor haciendo una per­for­mance ante una audi­en­cia a la que quiere diver­tir y a la que quiere con­vencer de que es la más inno­vadora.

La más nove­dosa.

Pero no demues­tra la capaci­dad de inno­vación con cri­te­rios pro­fe­sion­ales sino sim­bóli­cos. Echa a un 10% de tra­ba­jadores cada año y así cree estar dando una mues­tra de ren­o­vación. Y sólo está actuando para que la vean desde Wall Street.

O sea, todo un circo.

Todo un circo. La real­i­dad de la economía no existe, y eso que no existe gen­era plus­valía, pero se aleja de la real­i­dad. Lo que ocurre hoy es un retorno, una vuelta de la real­i­dad.

Una real­i­dad ter­ri­ble.

George Soros ha escrito un libro en el que dice que la causa de la cri­sis no son los espec­u­ladores, sino cómo la gente en Wall Street anal­iza las cosas por la per­cep­ción que tienen, no por la real­i­dad de las cosas. Existe un sto­ry­telling del man­age­ment financiero, un sto­ry­telling del mar­ket­ing: una marca es hoy en día una his­to­ria. Lo que he inten­tado hacer en el libro es mostrar cómo se con­struye, al lado de la real­i­dad, un orden nuevo del relato, un orden fic­ti­cio que susti­tuye a la real­i­dad.

En nar­ra­tiva o en fic­ción eso es noble, pero en política y en economía eso tiene con­se­cuen­cias ter­ri­bles. No es lo mismo Flaubert que Enron.

Abso­lu­ta­mente. Desde siem­pre, la humanidad contó his­to­rias. Mi con­vic­ción es que la nov­ela mod­erna se con­sti­tuyó a par­tir de una polémica con el sto­ry­telling de la época. Don Qui­jote habla desde su pról­ogo de un hom­bre que tiene la mente llena de men­ti­ras, de fal­sos relatos.

Que la nov­ela viene a limpiar.

A desmi­ti­ficar. Madame Bovary es tam­bién una reac­ción con­tra el sto­ry­telling, los cuen­tos, de la época. Así que la ética de la nov­ela es luchar con­tra el sto­ry­telling. Y ahora esta ten­den­cia a dormir a la gente con cuen­tos ha tomado una fuerza que nunca se había visto.

Ahora todo es cuento, parece. Lo que decía León Felipe: nos tratan de dormir con cuen­tos.

Anto­nio Dam­as­cio, un neu­ro­cien­tí­fico, decía recien­te­mente que “el cere­bro es la artic­u­lación de razón y de ilusión”. Eso es nor­mal. Pero hoy día una cam­paña elec­toral es una agre­sión per­ma­nente del cere­bro con un bom­bardeo de noti­cias fal­sas. Cuando Roo­sevelt hablaba en la radio, uno tenía tiempo de pen­sar, la razón podía retomar el argu­mento; pero hoy no hay tiempo de reflex­ión, y eso hace desa­pare­cer los espa­cios democráti­cos. Porque nece­si­tan un tiempo, una arqui­tec­tura insti­tu­cional (las cámaras par­la­men­tarias, el poder ejec­u­tivo, el poder leg­isla­tivo). Toda esta arqui­tec­tura hoy día desa­parece por otra escena, una escena de la per­for­mance política: un hom­bre se sitúa ante la audi­en­cia y trata de ori­en­tar las emo­ciones hacia sí mismo.

Y, además, ese hom­bre no es él mismo, está rodeado de gente que le susurra qué ha de hacer.

Son los spin doc­tors de los can­didatos, los lob­bies, los sto­ry­tellers… He escrito algo cómico sobre el primer Gob­ierno de Sarkozy. Decía que la Mesa del Con­sejo era como un gob­ierno de las flo­res, cada uno rep­re­sentaba un sím­bolo: uno era la igual­dad; el otro, los dere­chos humanos, el otro era el human­i­tario. ¡Un jardín! Los min­istros no son elegi­dos por su com­pe­ten­cia, sino por su pres­en­cia mediática, por su capaci­dad de acción en los cam­pos mediáti­cos.

Por la flor que rep­re­sen­tan.

Es ter­ri­ble. Por ejem­plo, la min­is­tra de Jus­ti­cia, Rachida Dati, la que va a tener un hijo con no se sabe quién, es como la Ceni­cienta, que se trans­forma a medi­anoche en una reina. Es una his­to­ria, como un cuento. Y está en las elec­ciones norteam­er­i­canas, por supuesto: Barack Obama cuenta un cuento, John McCain cuenta un cuento. Pero Barack Obama va a ganar porque no es sola­mente el cuento: él dispone de un cuadrado mágico (el sto­ry­line, el tim­ing, el fram­ing, el net­work­ing) que le per­mite ges­tionar el tiempo, encuadrar su men­saje, finan­ciar la cam­paña con los ade­cua­dos mil­i­tantes… Y McCain sólo tiene el sto­ry­line, todo lo demás se le ha des­baratado. Y cuando ha atraído a Sarah Palin, no lo ha enmen­dado, lo ha empe­o­rado: él es un pres­i­dente viejo que tiene un encuadre ide­ológico, y ella es una vicepres­i­denta joven con un encuadre com­ple­ta­mente difer­ente.

Volva­mos a la men­tira. Insu­per­a­ble la de las armas de destruc­ción masiva en Irak.

Bush llegó en el 2000 con una his­to­ria (un sto­ry­telling) que con­tar, todo el gabi­nete estaba preparado para con­tar un cuento, y el aten­tado con­tra las Tor­res Geme­las crea otra real­i­dad… En los días pos­te­ri­ores al 11‐S, el equipo de Bush citó en la Casa Blanca a los direc­tores de Hol­ly­wood: había que imag­i­nar lo que seguía.

Y fue la invasión de Irak.

Con un cin­ismo tremendo. Una invasión basada en cuen­tos. Y hay un cuento, el de las mujeres afganas a las que los tal­ibanes arran­ca­ban las uñas, que empezó a estar en todos los dis­cur­sos, como si ésa fuera una prác­tica habit­ual que jus­ti­fi­caba cualquier repre­sión. Y luego tú inves­ti­gas y ves que ese fue tan sólo un caso, y no tan grave como llegó a estar en los cuen­tos sobre las atro­ci­dades de los tal­ibanes.

La men­tira sirve para con­tro­lar a la opinión.

El poder hace cir­cu­lar his­to­rias para man­ten­erse. Si con­sigu­iera del todo su propósito estaríamos ante un total­i­tarismo, pero aún es posi­ble con­trade­cir los cuen­tos.

¿Habría que descon­fiar de todo?

No, de la expe­ri­en­cia no hay que descon­fiar. Yo creo que esta­mos en un nuevo modo de opre­sión, no sola­mente política, sino una opre­sión sim­bólica que impide a la gente con­struir su propia vida, pen­sar y con­tar su propia expe­ri­en­cia. Éste es el momento de una nueva lucha democrática.

Para salir del cuento y del infierno.

Exacto.