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El ideólogo de Sarkozy

Publicado: 16/04/2009 | Por: Claudio | Categorías: Elecciones, Storytelling | Etiquetas: , , | Tienes algo que decir »

guaino

Cuando Nico­las Sarkozy citó a Jean Jau­res y Leon Blum, dos de las fig­uras históri­cas más emblemáti­cas de la izquierda francesa, en el dis­curso con el que lan­z­aba ofi­cial­mente su can­di­datura, el pasado 15 de enero, los miem­bros del equipo de su rival social­ista se pel­liz­caron varias veces para con­vencerse de que era cierto lo que esta­ban escuchando. Pronto des­cubrieron que detrás del can­didato de la Unión por un Movimiento Pop­u­lar (UMP) había un escritor muy par­tic­u­lar: Henry Guaino.

De hom­bres como Guaino está tam­bién hecha la política. A menudo per­manecen en la som­bra, prestan sus ser­vi­cios con pasión o con estricta pro­fe­sion­al­i­dad. En esta ocasión su nom­bre ha acabado por salir a la super­fi­cie, tal es la influ­en­cia que ha tenido en la vic­to­ria del can­didato con­ser­vador. “Ya lo verás, es Guaino quien me hará ganar estas pres­i­den­ciales”, le con­fió Sarkozy a un miem­bro de su equipo cuando entró en cam­paña.

Este econ­o­mista de 50 años, alto fun­cionario del Gob­ierno, que fra­casó varias veces en su intento de ingre­sar en la Escuela Nacional de la Admin­is­tración (ENA), tiene un largo recor­rido en la política, pero esta cam­paña ha sido sin duda su con­sagración. Su primer tra­bajo como negro –el tér­mino edi­to­r­ial que define a los escritores que tra­ba­jan anón­i­ma­mente por encargo– fue para Jacques Chirac en 1988. Se encar­gaba de ree­scribirle las entre­vis­tas. Chirac perdió con­tra François Mit­ter­rand y Guaino aprendió una lec­ción. “Después de aque­llo supe cómo se perdía una cam­paña”, dice.

Gaullista de la vieja escuela, soberanista, Guaino se alió con Philippe Seguin en la cam­paña por el no en el refer­én­dum de 1992 sobre el Tratado de Maas­tricht, que el viejo pres­i­dente social­ista se había prop­uesto sacar ade­lante. Pese a que el sí a Maas­tricht acabó ganando por unas déci­mas, el famoso “dis­curso sobre Fran­cia”, que pro­nun­ció Seguin en la Asam­blea Nacional, ha pasado a la his­to­ria como una obra maes­tra.

El éxito tenía que lle­gar. En 1995, junto al politól­ogo Emmanuel Todd, acuñó el famoso con­cepto de “frac­tura social” que artic­uló la cam­paña que llevó por primera vez a Jacques Chirac al Elíseo. Guaino fue rec­om­pen­sado con un alto cargo insti­tu­cional. Pero la feli­ci­dad fue breve. La ino­por­tuna dis­olu­ción del Par­la­mento, y la sub­sigu­iente vic­to­ria social­ista que llevó al puesto de primer min­istro a Lionel Jospin, acabó costán­dole el puesto. Decep­cionado por la deca­den­cia chi­raquiana, pasó de largo de la cam­paña de 2002.

El año pasado, atraído por el “vol­un­tarismo” de Sarkozy, Guaino se puso al ser­vi­cio de la UMP. El can­didato con­ser­vador probó var­ios escritores, pero a prin­ci­p­ios de enero, cuando preparaba el dis­curso con el que se disponía a arran­car la cam­paña elec­toral, se decidió por Guaino pese a las adver­ten­cias en con­tra de algunos de sus padri­nos, como Eduard Bal­ladour.

Pronto nació una extra­or­di­naria com­pli­ci­dad entre ellos. Había que cam­biar la ima­gen del min­istro del Inte­rior, del hom­bre duro, ambi­cioso y antipático, del policía de la porra, por la de un futuro pres­i­dente, un hom­bre caris­mático, humano, capaz de ser amado, de entrar en el imag­i­nario del país. Guaino sentó a Sarkozy en el diván del psi­coanal­ista y le pidió que le con­tara cosas, que le explicara expe­ri­en­cias de su infan­cia, que recor­dara instantes en los que se hubiera emo­cionado.

El can­didato recordó su visita al memo­r­ial del Holo­causto, el Yad Vashem, y tam­bién el viaje al con­vento de Tibéhirine, en Argelia, poco después de que siete mon­jas trapenses fueran degol­ladas por fanáti­cos islamis­tas. Y tam­bién, prob­a­ble­mente, más de un episo­dio de su infan­cia que no ha trascen­dido. De aque­lla sesión nace el famoso “he cam­bi­ado”, una frase repetida hasta 10 veces el 14 de enero, jus­ti­fi­cada por el hecho de “haber sufrido”. El sufrim­iento, la vic­tim­ización. Dos ele­men­tos que han sido claves en esta cam­paña en la que, ante todo, estaba en juego la propia per­son­al­i­dad de Sarkozy, “inqui­etante”, según se dejaba caer tanto desde el campo ene­migo como –muy a menudo– desde su pro­pio campo.

J. M. Martí Font, el País