“Cuando pien­sas que lo único que te falta son pal­abras, lo que real­mente te fal­tan son ideas” George Lakoff

“Vivimos en la gran mentira”

Publicado: 11/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Marcos, Metáforas, Storytelling | Etiquetas: , , , , , , | Tienes algo que decir »

mentiras

Chris­t­ian Salmon, francés de Marsella, donde nació en 1951, ded­ica su esfuerzo de escritor a rev­e­lar la gran men­tira en la que vivi­mos. El resul­tado es el libro Sto­ry­telling, que pub­lica ahora en España Penín­sula y que tiene este sub­tí­tulo: La máquina de fab­ricar his­to­rias y for­matear las mentes. Él fue pres­i­dente del Par­la­mento de Escritores, y, una vez extin­guida esta esforzada insti­tu­ción, Salmon no ha cesado de pre­gun­tarse sobre la fic­ción que vivi­mos. Esta sem­ana hablamos en París con él acerca de sus con­clu­siones.

Se deduce de su libro que vivi­mos engaña­dos.

Vivi­mos en la gran men­tira. Se ve muy bien en la cri­sis financiera: la per­cep­ción de las cosas es más impor­tante que la real­i­dad de las cosas. Ésta es una cri­sis de per­cep­ción. Y si hablamos de política, es lo mismo. Los políti­cos no argu­men­tan, no abren un debate, sino un teatro, una his­to­ria. Sto­ry­telling: cuen­tan un cuento. John McCain ha escrito un libro, Faith of my fathers (La fe de mis padres), y Obama tit­ula el suyo Dreams from my father (Sueños de mi padre)… Inde­pen­di­en­te­mente de que nos guste más Obama, lo cierto es que los dos pre­sen­tan un teatro vir­tual, una cadena de pos­turas que obe­de­cen a los mis­mos códi­gos: sto­ry­line, tim­ing, fram­ing, net­work­ing… La per­cep­ción es más impor­tante que la real­i­dad.

¿Y la cri­sis tam­bién se cuenta como se cuenta un cuento, o una men­tira?

Desde los años ochenta, la belleza de las empre­sas, su cos­mética, ha tomado una impor­tan­cia demasi­ado despro­por­cionada en relación con la real­i­dad. Toma el caso de Enron: es la primera empresa de fic­ción que no se com­porta con un cri­te­rio racional, sino como un actor haciendo una per­for­mance ante una audi­en­cia a la que quiere diver­tir y a la que quiere con­vencer de que es la más inno­vadora.

La más nove­dosa.

Pero no demues­tra la capaci­dad de inno­vación con cri­te­rios pro­fe­sion­ales sino sim­bóli­cos. Echa a un 10% de tra­ba­jadores cada año y así cree estar dando una mues­tra de ren­o­vación. Y sólo está actuando para que la vean desde Wall Street.

O sea, todo un circo.

Todo un circo. La real­i­dad de la economía no existe, y eso que no existe gen­era plus­valía, pero se aleja de la real­i­dad. Lo que ocurre hoy es un retorno, una vuelta de la real­i­dad.

Una real­i­dad ter­ri­ble.

George Soros ha escrito un libro en el que dice que la causa de la cri­sis no son los espec­u­ladores, sino cómo la gente en Wall Street anal­iza las cosas por la per­cep­ción que tienen, no por la real­i­dad de las cosas. Existe un sto­ry­telling del man­age­ment financiero, un sto­ry­telling del mar­ket­ing: una marca es hoy en día una his­to­ria. Lo que he inten­tado hacer en el libro es mostrar cómo se con­struye, al lado de la real­i­dad, un orden nuevo del relato, un orden fic­ti­cio que susti­tuye a la real­i­dad.

En nar­ra­tiva o en fic­ción eso es noble, pero en política y en economía eso tiene con­se­cuen­cias ter­ri­bles. No es lo mismo Flaubert que Enron.

Abso­lu­ta­mente. Desde siem­pre, la humanidad contó his­to­rias. Mi con­vic­ción es que la nov­ela mod­erna se con­sti­tuyó a par­tir de una polémica con el sto­ry­telling de la época. Don Qui­jote habla desde su pról­ogo de un hom­bre que tiene la mente llena de men­ti­ras, de fal­sos relatos.

Que la nov­ela viene a limpiar.

A desmi­ti­ficar. Madame Bovary es tam­bién una reac­ción con­tra el sto­ry­telling, los cuen­tos, de la época. Así que la ética de la nov­ela es luchar con­tra el sto­ry­telling. Y ahora esta ten­den­cia a dormir a la gente con cuen­tos ha tomado una fuerza que nunca se había visto.

Ahora todo es cuento, parece. Lo que decía León Felipe: nos tratan de dormir con cuen­tos.

Anto­nio Dam­as­cio, un neu­ro­cien­tí­fico, decía recien­te­mente que “el cere­bro es la artic­u­lación de razón y de ilusión”. Eso es nor­mal. Pero hoy día una cam­paña elec­toral es una agre­sión per­ma­nente del cere­bro con un bom­bardeo de noti­cias fal­sas. Cuando Roo­sevelt hablaba en la radio, uno tenía tiempo de pen­sar, la razón podía retomar el argu­mento; pero hoy no hay tiempo de reflex­ión, y eso hace desa­pare­cer los espa­cios democráti­cos. Porque nece­si­tan un tiempo, una arqui­tec­tura insti­tu­cional (las cámaras par­la­men­tarias, el poder ejec­u­tivo, el poder leg­isla­tivo). Toda esta arqui­tec­tura hoy día desa­parece por otra escena, una escena de la per­for­mance política: un hom­bre se sitúa ante la audi­en­cia y trata de ori­en­tar las emo­ciones hacia sí mismo.

Y, además, ese hom­bre no es él mismo, está rodeado de gente que le susurra qué ha de hacer.

Son los spin doc­tors de los can­didatos, los lob­bies, los sto­ry­tellers… He escrito algo cómico sobre el primer Gob­ierno de Sarkozy. Decía que la Mesa del Con­sejo era como un gob­ierno de las flo­res, cada uno rep­re­sentaba un sím­bolo: uno era la igual­dad; el otro, los dere­chos humanos, el otro era el human­i­tario. ¡Un jardín! Los min­istros no son elegi­dos por su com­pe­ten­cia, sino por su pres­en­cia mediática, por su capaci­dad de acción en los cam­pos mediáti­cos.

Por la flor que rep­re­sen­tan.

Es ter­ri­ble. Por ejem­plo, la min­is­tra de Jus­ti­cia, Rachida Dati, la que va a tener un hijo con no se sabe quién, es como la Ceni­cienta, que se trans­forma a medi­anoche en una reina. Es una his­to­ria, como un cuento. Y está en las elec­ciones norteam­er­i­canas, por supuesto: Barack Obama cuenta un cuento, John McCain cuenta un cuento. Pero Barack Obama va a ganar porque no es sola­mente el cuento: él dispone de un cuadrado mágico (el sto­ry­line, el tim­ing, el fram­ing, el net­work­ing) que le per­mite ges­tionar el tiempo, encuadrar su men­saje, finan­ciar la cam­paña con los ade­cua­dos mil­i­tantes… Y McCain sólo tiene el sto­ry­line, todo lo demás se le ha des­baratado. Y cuando ha atraído a Sarah Palin, no lo ha enmen­dado, lo ha empe­o­rado: él es un pres­i­dente viejo que tiene un encuadre ide­ológico, y ella es una vicepres­i­denta joven con un encuadre com­ple­ta­mente difer­ente.

Volva­mos a la men­tira. Insu­per­a­ble la de las armas de destruc­ción masiva en Irak.

Bush llegó en el 2000 con una his­to­ria (un sto­ry­telling) que con­tar, todo el gabi­nete estaba preparado para con­tar un cuento, y el aten­tado con­tra las Tor­res Geme­las crea otra real­i­dad… En los días pos­te­ri­ores al 11‐S, el equipo de Bush citó en la Casa Blanca a los direc­tores de Hol­ly­wood: había que imag­i­nar lo que seguía.

Y fue la invasión de Irak.

Con un cin­ismo tremendo. Una invasión basada en cuen­tos. Y hay un cuento, el de las mujeres afganas a las que los tal­ibanes arran­ca­ban las uñas, que empezó a estar en todos los dis­cur­sos, como si ésa fuera una prác­tica habit­ual que jus­ti­fi­caba cualquier repre­sión. Y luego tú inves­ti­gas y ves que ese fue tan sólo un caso, y no tan grave como llegó a estar en los cuen­tos sobre las atro­ci­dades de los tal­ibanes.

La men­tira sirve para con­tro­lar a la opinión.

El poder hace cir­cu­lar his­to­rias para man­ten­erse. Si con­sigu­iera del todo su propósito estaríamos ante un total­i­tarismo, pero aún es posi­ble con­trade­cir los cuen­tos.

¿Habría que descon­fiar de todo?

No, de la expe­ri­en­cia no hay que descon­fiar. Yo creo que esta­mos en un nuevo modo de opre­sión, no sola­mente política, sino una opre­sión sim­bólica que impide a la gente con­struir su propia vida, pen­sar y con­tar su propia expe­ri­en­cia. Éste es el momento de una nueva lucha democrática.

Para salir del cuento y del infierno.

Exacto.


Storytelling, el arma de distracción masiva

Publicado: 9/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Marcos, Metáforas, Storytelling | Etiquetas: , , , , , | Tienes algo que decir »

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El sec­re­tario de Estado norteam­er­i­cano Colin Pow­ell, en la ONU en 2003. Agita un frasco que supues­ta­mente con­tiene ántrax para jus­ti­ficar una inter­ven­ción mil­i­tar en Irak, país que ten­dría armas de destruc­ción masiva. De hecho, no había más ántrax en el frasco que en Irak.

“Erase una vez”… así comien­zan los cuen­tos para niños. Pero, hoy, las fábu­las están des­ti­nadas a los adul­tos… los diri­gentes han apren­dido a “con­tar his­to­rias” a sus emplea­dos, a sus sol­da­dos, a sus elec­tores. En “Sto­ry­telling” doc­u­men­tal de 52 min­u­tos pro­ducido por Capa para Canal Plus, Anthony Oliange y Chis­t­ian Salmon sacan a la luz, apoyán­dose en el libro de este ultimo (1), los méto­dos de los comu­ni­cadores para “vender” los méri­tos de una marca, de un acon­tec­imiento o de un político.

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Nicolas Sarkozy, el capitán intrépido

Publicado: 3/05/2009 | Por: Claudio | Categorías: Storytelling | Etiquetas: , , | Tienes algo que decir »

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El sec­re­tario de Estado para el Empleo se deshacía en elo­gios hacia el dis­curso que Nico­las Sarkozy pro­nun­ció en Tolón a finales de sep­tiem­bre: “Frente a la inqui­etud sus­ci­tada por la tor­menta económica inter­na­cional, el pres­i­dente de la República ha dado la ima­gen de un capitán intrépido que gob­ierna firme­mente el timón. El pres­i­dente afronta esta cri­sis con la misma deter­mi­nación que demostró durante la cri­sis geor­giana”. ¡Capitán intrépido, nada menos! Esto ya no tiene nada que ver con Keynes, sino más bien con Kipling. ¡Menuda batal­lita! He aquí la nueva sto­ry­line de la pres­i­den­cia. Sarkozy se enfrenta a un mar enco­ler­izado. Grita órdenes a babor. Ame­naza a los ban­queros deshon­estos. Tran­quil­iza a los ahor­radores. Con­dena el neolib­er­al­ismo sal­vaje. Prom­ete una refun­dación del cap­i­tal­ismo…

¿Quién va a recor­dar a estas alturas que durante la cam­paña de 2007 prometía tam­bién “con­ver­tir a Fran­cia en un país de propi­etar­ios” y pro­ponía una reforma del crédito hipote­cario que, curiosa­mente, son­aba a una creación de sub­primes a la francesa? Ante la cri­sis, se ha cam­bi­ado de bando. Col­bertista a rabiar, key­ne­siano con­verso, este Don Qui­jote de la recu­peración, flan­queado por Henri Guaino, el San­cho Panza del pro­tec­cionismo, ya no tiene pal­abras lo bas­tante duras para con­denar la espec­u­lación financiera. Con el corazón en la mano, prom­ete nacionalizar las pér­di­das, cuando no mucho tiempo atrás abo­gaba por la pri­va­ti­zación de los ben­efi­cios. El ambi­ente de los mer­ca­dos es lúgubre, pero él se mues­tra exul­tante: en la pres­i­den­cia de la Unión Euro­pea ha encon­trado un nuevo papel. Las tur­bu­len­cias de los mer­ca­dos ejercen sobre él un efecto dopante.

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