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	<title>Encuadres Estratégicos &#187; Rockridge Institute</title>
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	<description>Marcos, Metáforas, Storytelling y Redes</description>
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		<title>La teor&#237;a de Lakoff</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Apr 2009 23:38:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Claudio</dc:creator>
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<p align="justify">&iquest;Qu&eacute; tiene que ver la neuro ling&uuml;&iacute;stica con la pol&iacute;tica? Al parecer bastante, si juzgamos por el entusiasmo que despierta entre los medios dem&oacute;cratas y progresistas de EEUU la teor&iacute;a de George Lakoff. Cuando este acad&eacute;mico mundialmente famoso, catedr&aacute;tico de ciencia cognitiva en Berkeley, da una de sus frecuentes charlas a lo largo de la geograf&iacute;a de EEUU, miles de personas hacen cola para escucharle. No vienen movidos por un inter&eacute;s cient&iacute;fico, sino por su frustraci&oacute;n pol&iacute;tica. Les quema el sentimiento de ver como sus conciudadanos siguen votando a George W. Bush y a los neoconservadores a pesar del deterioro de su nivel de vida y de la continuaci&oacute;n de una guerra que rechaza la gran mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n. No es s&oacute;lo el miedo al terrorismo o un nacionalismo mal entendido, les dice Lakoff. Es, seg&uacute;n &eacute;l, la capacidad de los estrategos republicanos de activar estructuras mentales inconscientes que motivan nuestros comportamientos sin prestar atenci&oacute;n a la racionalidad de nuestros intereses o a los datos de la realidad. Lakoff se ha convertido en el s&iacute;mbolo de una regeneraci&oacute;n de la pol&iacute;tica dem&oacute;crata estadounidense.</p>
<p align="justify">Su panfleto pol&iacute;tico &ldquo;&iexcl;No pienses en un elefante!&rdquo; (el elefante es el s&iacute;mbolo del Partido Republicano) es un best seller y est&aacute; prologado por Howard Dean, el actual presidente del Partido Dem&oacute;crata. Hillary Clinton, probablemente la candidata presidencial dem&oacute;crata en 2008, lo llama a consulta, al igual que los principales l&iacute;deres del partido. &ldquo;The New York Times&rdquo; ha dedicado un reportaje especial a la influencia de Lakoff. Y multimillonarios como George Soros y otros est&aacute;n financiando el Rockridge Institute, una fundaci&oacute;n para la formaci&oacute;n pol&iacute;tica que prepara a los candidatos y agentes de campa&ntilde;as pol&iacute;ticas del Partido Dem&oacute;crata para las pr&oacute;ximas elecciones, poniendo en pr&aacute;ctica las hasta ahora abstractas teor&iacute;as de este cient&iacute;fico metido a pol&iacute;tico por la indignaci&oacute;n que siente hacia lo que pasa en su pa&iacute;s y en el mundo por culpa de su pa&iacute;s.</p>
<p align="justify"><span id="more-11"></span>&iquest;De qu&eacute; se trata entonces? &iquest;Ha descubierto Lakoff la piedra filosofal de la manipulaci&oacute;n pol&iacute;tica y por tanto el ant&iacute;doto contra ella? Pues algo as&iacute;. Su idea es muy simple, aunque ha sido sesudamente argumentada en varios vol&uacute;menes de investigaci&oacute;n importantes hasta llegar a su estadio panfletario. La ciencia cognitiva ha establecido que pensamos en t&eacute;rminos de marcos mentales y met&aacute;foras, antes de entrar en el razonamiento anal&iacute;tico. Estos marcos mentales (frames) tienen existencia material, est&aacute;n en las sinapsis de nuestro cerebro, configurados f&iacute;sicamente en los circuitos neuronales. Cuando la informaci&oacute;n que recibimos (los datos) no se conforman a los marcos inscritos en nuestro cerebro, nos quedamos con los marcos e ignoramos los hechos. Por ejemplo, si se ha activado un marco que define al Presidente como protector contra todos los peligros del mundo, cualquier informaci&oacute;n que contradiga ese marco (como la falta de conexi&oacute;n entre Al Qaeda y Sadam Hussein, o la inexistencia de armas de destrucci&oacute;n masiva) tiene mucha dificultad para penetrar nuestra decisi&oacute;n consciente. Naturalmente, si ese marco no es operativo o si otro tipo de marco es el activado, entonces ocurre lo contrario, los datos se convierten en argumentos en contra de la pol&iacute;tica del miedo.</p>
<p align="justify">Lakoff piensa que uno de los marcos m&aacute;s importantes es aquel que se refiere al padre estricto y protector, al que tiene que castigar por nuestro propio bien, el que define las reglas de conducta y las transforma en disciplina, con respecto a nosotros y al mundo exterior. Y sostiene que los republicanos m&aacute;s conservadores han conseguido activar ese marco en una gran parte de la poblaci&oacute;n. No por casualidad, sino como resultado de una larga estrategia desde hace tres d&eacute;cadas, para contrarrestar la hegemon&iacute;a dem&oacute;crata en la poblaci&oacute;n. Financiaron con decenas de millones de d&oacute;lares fundaciones y programas de investigaci&oacute;n, reclutaron universitarios, publicistas, periodistas, escritores, especialistas de la imagen, y fueron perfeccionando poco a poco su lenguaje y su tem&aacute;tica. Por ejemplo, al hablar de los impuestos como carga tributaria sin referirse a lo que se recibe a cambio de lo que se paga, se activa el mito del ciudadano expoliado por el Estado. O al hablar de matrimonio homosexual (en lugar de uni&oacute;n entre personas) se implica la devaluaci&oacute;n de algo sacrosanto para mucha gente. Lo cual tiene consecuencias en la pol&iacute;tica. Porque Lakoff sostiene, apoy&aacute;ndose en estudios electorales, que la mayor&iacute;a de la gente no vota por sus intereses, sino en funci&oacute;n de su identidad. Los ciudadanos votan &ldquo;seg&uacute;n su identidad, sobre la base de qui&eacute;nes son, de qu&eacute; valores tienen y a qui&eacute;n y a qu&eacute; admiran&rdquo;. Y los estereotipos culturales y morales son los que m&aacute;s directamente enmarcan el voto por afinidad o por rechazo.</p>
<p align="justify">Ahora bien, Lakoff rechaza la interpretaci&oacute;n pr&aacute;ctica que se hace de sus ense&ntilde;anzas en t&eacute;rminos de reducirlo todo a una manipulaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica. Al contrario, les dice a los pol&iacute;ticos, lo importante son las ideas y la relaci&oacute;n de las ideas que se proponen con los valores inscritos en la identidad de las personas. Pero como todos tenemos distintos marcos de referencia, la clave es c&oacute;mo activar esos valores latentes, c&oacute;mo hacer que el deseo de solidaridad sea m&aacute;s fuerte que la agresividad individualista o el deseo de paz m&aacute;s fuerte que el miedo. De hecho, acusa a los dem&oacute;cratas de reducir la pol&iacute;tica a im&aacute;genes y de cambiar sus posiciones para conseguir el voto. En contraste, dice &eacute;l, con los neoconservadores que afirman claramente sus valores, dicen exactamente lo que son y lo que quieren, y con esta claridad de principios articulan estrategias de comunicaci&oacute;n no tanto para seducir a los electores, sino para convencer a los ciudadanos. Si alguien llega a convencerse de la justicia de la guerra en Irak como un reflejo de protecci&oacute;n, entonces estar&aacute; dispuesto a entender los errores de Bush sobre las armas de destrucci&oacute;n masiva y otras minucias. Por tanto, su f&oacute;rmula de entrenamiento pol&iacute;tico es afirmar claramente los valores dem&oacute;cratas y progresistas y encontrar un lenguaje propio para comunicarlos, en lugar de intentar vanamente oponer los hechos al discurso articulado de los conservadores que busca establecer una complicidad de valores.</p>
<p align="justify">El alcance de la teor&iacute;a de Lakoff, por discutibles que sean algunas de sus hip&oacute;tesis, rebasa el &aacute;mbito estadounidense, aunque sus aplicaciones directas tengan como referencia la cultura de ese pa&iacute;s. La idea de que la simple racionalidad o el c&aacute;lculo del inter&eacute;s propio no es el determinante central del comportamiento es ampliamente aceptada, como muestra el &eacute;xito de los an&aacute;lisis en t&eacute;rminos de inteligencia emocional. Pero en el &aacute;mbito de la pol&iacute;tica hay m&aacute;s resistencia a aceptarlo porque las ideolog&iacute;as liberal o marxista del progreso mediante la raz&oacute;n han ido arrinconando los valores y la identidad como fuentes de motivaci&oacute;n en el espacio p&uacute;blico. Y, sin embargo, si pueblo tras pueblo votan con frecuencia a favor de quienes representan intereses contradictorios a los suyos, es que hay otros mecanismos que deciden el poder. Por eso la gente busca, en EEUU y en otras partes, una explicaci&oacute;n y una pr&aacute;ctica que les permita liberarse del laberinto de met&aacute;foras inducidas en nuestros cerebros.</p>
<p>por <em><a href="http://www.manuelcastells.info/es/">Manuel Castells</a></em></p>
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